Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA) - Tel 02477 429001  -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                            |    |    |    |
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LA REVELACIÓN DE LA ORACIÓN



2566. El hombre en busca de Dios. Por la creación Dios llama a todo ser desde la nada a la existencia. 'Coronado de gloria y esplendor' [Sal 8,6 .], el hombre es, después de los ángeles, capaz de reconocer '¡qué glorioso es el Nombre del Señor por toda la tierra!' [Sal 8,2 .]. Incluso después de haber perdido, por su pecado, su semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo de Aquel que le llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de esta búsqueda esencial de los hombres.
2567. Dios es quien primero llama al hombre. Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su Faz, corra detrás de sus ídolos o acuse a la divinidad de haberlo abandonado, el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la actitud del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de Alianza. A través de palabras y de acciones, tiene lugar un trance que compromete el corazón humano. Este se revela a través de toda la historia de la salvación.

En el Antiguo Testamento
2568. La revelación de la oración en el Antiguo Testamento se encuadra entre la caída y la elevación del hombre, entre la llamada dolorosa de Dios a sus primeros hijos: '¿Dónde estás?... ¿Por qué lo has hecho?' [Gn 3,9 .13.] y la respuesta del Hijo único al entrar en el mundo: 'He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad' [Hb 10,5-7 .]. De este modo, la oración está unida a la historia de los hombres; es la relación a Dios en los acontecimientos de la historia humana.
2569. La oración se vive primeramente a partir de las realidades de la creación. Los nueve primeros capítulos del Génesis describen esta relación con Dios como ofrenda por Abel de los primogénitos de su rebaño, como invocación del nombre divino por Enós, como 'marcha con Dios'. La ofrenda de Noé es 'agradable' a Dios que le bendice y, a través de él, bendice a toda la creación, porque su corazón es justo e íntegro; él también 'marcha con Dios'. Esta cualidad de la oración es vivida, en todas las religiones, por una muchedumbre de hombres piadosos.
En su alianza indefectible con todos los seres vivientes, Dios llama siempre a los hombres a orar. Pero, en el Antiguo Testamento, la oración se revela sobre todo a partir de nuestro padre Abraham.
2570. Cuando Dios lo llama, Abraham se pone en camino 'como se lo había dicho el Señor' [Gn 12,4 .]: todo su corazón se somete a la Palabra y obedece. La obediencia del corazón a Dios que llama es esencial a la oración, las palabras tienen un valor relativo. Por eso, la oración de Abraham se expresa primeramente con hechos: hombre de silencio, en cada etapa construye un altar al Señor. Solamente más tarde aparece su primera oración con palabras: una queja velada recordando a Dios sus promesas que no parecen cumplirse. De este modo surge desde el principio uno de los aspectos de la tensión dramática de la oración: la prueba de la fe en Dios que es fiel.
2571. Habiendo creído en Dios, marchando en su presencia y en alianza con él, el patriarca está dispuesto a acoger en su tienda al Huésped misterioso: es la admirable hospitalidad de Mambré, preludio a la anunciación del verdadero Hijo de la promesa. Desde entonces, habiéndole confiado Dios su plan, el corazón de Abraham está en consonancia con la compasión de su Señor hacia los hombres y se atreve a interceder por ellos con una audaz confianza.
2572. Como última purificación de su fe, se le pide al 'que había recibido las promesas' [Hb 11,17 .] que sacrifique al hijo que Dios le ha dado. Su fe no vacila: 'Dios proveerá el cordero para el holocausto' [Gn 22,8 .], 'pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar a los muertos' [Hb I 1,19 .]. Así, el padre de los creyentes se hace semejante al Padre que no perdonará a su propio Hijo, sino que lo entregará por todos nosotros. La oración restablece al hombre en la semejanza con Dios y le hace participar en la potencia del amor de Dios que salva a la multitud.
2573. Dios renueva su promesa a Jacob, origen de las doce tribus de Israel. Antes de enfrentarse con su hermano Esaú, lucha una noche entera con 'alguien' misterioso que rehúsa revelar su nombre, pero que le bendice antes de dejarle, al alba. La tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia.
2574. Cuando comienza a realizarse la promesa [Pascua, Exodo, entrega de la Ley y conclusión de la Alianza], la oración de Moisés es la figura cautivadora de la oración de intercesión que tiene su cumplimiento en 'el único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo-Jesús' [1Tm 2,5 .].
2575. También aquí Dios es el primero en intervenir. Llama a Moisés desde la Zarza ardiente. Este acontecimiento quedará como una de las figuras principales de la oración en la tradición espiritual judía y cristiana. En efecto, si 'el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob' llama a su servidor Moisés es que él es el Dios vivo que quiere la vida de los hombres. El se revela para salvarlos, pero no lo hace solo ni contra la voluntad de los hombres: llama a Moisés para enviarlo, para asociarlo a su compasión, a su obra de salvación. Hay como una imploración divina en esta misión, y Moisés, después de debatirse, acomodará su voluntad a la de Dios salvador. Pero en este diálogo en el que Dios se confía, Moisés aprende también a orar: rehuye, objeta y sobre todo interroga; en respuesta a su petición, el Señor le confía su Nombre inefable que se revelará en sus grandes gestas.
2576. Pues bien, 'Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo' [Ex 33,11 .]. La oración de Moisés es típica de la oración contemplativa gracias a la cual el servidor de Dios es fiel a su misión. Moisés 'conversa' con Dios frecuentemente y durante largo rato, subiendo a la montaña para escucharle e implorarle, bajando hacia el pueblo para transmitirle las palabras de su Dios y guiarlo. 'El es de toda confianza en mi casa; boca a boca hablo con él, abiertamente' [Nm 12,7-8 .], porque 'Moisés era un hombre humilde más que hombre alguno sobre la haz de la tierra' [Nm 12,3 .].
2577. De esta intimidad con el Dios fiel, lento a la ira y rico en amor, Moisés ha sacado la fuerza y la tenacidad de su intercesión. No pide por él, sino por el pueblo que Dios ha reunido. Moisés intercede ya durante el combate con los amalecitas o para obtener la curación de Myriam. Pero es sobre todo después de la apostasía del pueblo cuando 'se mantiene en la brecha' ante Dios [Sal 106,23 .] para salvar al pueblo. Los argumentos de su oración [la intercesión es también un combate misterioso] inspirarán la audacia de los grandes orantes tanto del pueblo judío como de la Iglesia. Dios es amor, por tanto es justo y fiel; no puede contradecirse, debe acordarse de sus acciones maravillosas, su Gloria está en juego, no puede abandonar al pueblo que lleva su Nombre.
2578. La oración del pueblo de Dios se desarrolla a la sombra de la Morada de Dios, el Arca de la Alianza y más tarde el Templo. Los guías del pueblo -pastores y profetas- son los primeros que le enseñan a orar. El niño Samuel aprendió de su madre Ana cómo 'estar ante el Señor' y del sacerdote Elí cómo escuchar su Palabra: 'Habla, Señor, que tu siervo escucha' [1Sam 3,9-10 .]. Más tarde, también él conocerá el precio y la carga de la intercesión: 'Por mi parte, lejos de mí pecar contra el Señor dejando de suplicar por vosotros y de enseñaros el camino bueno y recto' [1Sam 12,23 .].
2579. David es, por excelencia, el rey 'según el corazón de Dios', el pastor que ruega por su pueblo y en su nombre, aquel cuya sumisión a la voluntad de Dios, cuya alabanza y arrepentimiento serán modelo de la oración del pueblo. Ungido de Dios, su oración es adhesión fiel a la promesa divina, confianza cordial y gozosa en aquel que es el único Rey y Señor. En los Salmos, David, inspirado por el Espíritu Santo, es el primer profeta de la oración judía y cristiana. La oración de Cristo, verdadero Mesías e hijo de David, revelará y llevará a su plenitud el sentido de esta oración.
2580. El Templo de Jerusalén, la casa de oración que David quería construir, será la obra de su hijo, Salomón. La oración de la Dedicación del Templo se apoya en la Promesa de Dios y su Alianza, la presencia activa de su Nombre entre su Pueblo y el recuerdo de los grandes hechos del Exodo. El rey eleva entonces las manos al cielo y ruega al Señor por él, por todo el pueblo, por las generaciones futuras, por el perdón de sus pecados y sus necesidades diarias, para que todas las naciones sepan que Dios es el único Dios y que el corazón de su pueblo le pertenece por entero a El.
2581. Para el pueblo de Dios, el Templo debía ser el lugar donde aprender a orar: las peregrinaciones, las fiestas, los sacrificios, la ofrenda de la tarde, el incienso, los panes de 'la proposición', todos estos signos de la Santidad y de la Gloria de Dios, Altísimo pero muy cercano, eran llamamientos y caminos para la oración. Sin embargo, el ritualismo arrastraba al pueblo con frecuencia hacia un culto demasiado exterior. Era necesaria la educación de la fe, la conversión del corazón. Esta fue la misión de los profetas, antes y después del destierro.
2582. Elías es el padre de los profetas, de 'la raza de los que buscan a Dios, los que van tras su rostro'. Su nombre, 'el Señor es mi Dios', anuncia el grito del pueblo en respuesta a su oración sobre el monte Carmelo. Santiago nos remite a él para incitarnos a orar: 'La oración ferviente del justo tiene mucho poder' [St 5,16b-18 .].
2583. Después de haber aprendido la misericordia en su retiro en el torrente de Kérit, Elías enseña a la viuda de Sarepta la fe en la palabra de Dios, fe que confirma con su oración insistente: Dios devuelve la vida al hijo de la viuda.
En el sacrificio sobre el monte Carmelo, prueba decisiva para la fe del pueblo de Dios, el fuego del Señor es la respuesta a su súplica de que se consume el holocausto 'a la hora de la ofrenda de la tarde': '¡Respóndeme, Señor, respóndeme!' son palabras de Elías que las liturgias orientales recogen en la epíclesis eucarística.
Finalmente, volviendo a andar el camino del desierto hacia el lugar donde el Dios vivo y verdadero se reveló a su pueblo, Elías se recoge como Moisés 'en la hendidura de la roca' hasta que 'pasa' la presencia misteriosa de Dios. Pero solamente en el monte de la Transfiguración se dará a conocer Aquél cuyo Rostro buscan: el conocimiento de la Gloria de Dios está en el rostro de Cristo crucificado y resucitado.
2584. En el 'cara a cara' con Dios, los profetas extraen luz y fuerza para su misión. Su oración no es una huida del mundo infiel, sino una escucha de la palabra de Dios, es, a veces, un debatirse o una queja, y siempre, una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador, Señor de la historia.
2585. Desde David hasta la venida del Mesías, las Sagradas Escrituras contienen textos de oración que atestiguan el sentido profundo de la oración para sí mismo y para los demás. Los salmos fueron reunidos poco a poco en un conjunto de cinco libros: los Salmos [o 'alabanzas'] son la obra maestra de la oración en el Antiguo Testamento.
2586. Los Salmos alimentan y expresan la oración del pueblo de Dios como Asamblea, con ocasión de las grandes fiestas en Jerusalén y los sábados en las sinagogas. Esta oración es indisociablemente individual y comunitaria; concierne a los que oran y a todos los hombres; brota de la Tierra santa y de las comunidades de la Diáspora, pero abarca a toda la creación; recuerda los acontecimientos salvadores del pasado y se extiende hasta la consumación de la historia; hace memoria de las promesas de Dios ya realizadas y espera al Mesías que les dará cumplimiento definitivo. Los Salmos, usados por Cristo en su oración y que en El encuentran su cumplimiento, continúan siendo esenciales en la oración de su Iglesia.
2587. El Salterio es el libro en el que la Palabra de Dios se convierte en oración del hombre. En los demás libros del Antiguo Testamento 'las palabras proclaman las obras' [de Dios por los hombres] 'y explican su misterio'. En el Salterio, las palabras del salmista expresan, proclamándolas ante Dios, las obras divinas de salvación. El mismo Espíritu inspira la obra de Dios y la respuesta del hombre. Cristo unirá ambas. En El, los salmos no cesan de enseñarnos a orar.
2588. Las múltiples expresiones de oración de los Salmos se hacen realidad viva tanto en la liturgia del templo como en el corazón del hombre. Tanto si se trata de un himno como de una oración de desamparo o de acción de gracias, de súplica individual o comunitaria, de canto real o de peregrinación o de meditación sapiencial, los salmos son el espejo de las maravillas de Dios en la historia de su pueblo y en las situaciones humanas vividas por el salmista. Un salmo puede reflejar un acontecimiento pasado, pero es de una sobriedad tal que verdaderamente pueden orar con él los hombres de toda condición y de todo tiempo.
2589. Hay unos rasgos constantes en los Salmos: la simplicidad y la espontaneidad de la oración, el deseo de Dios mismo a través de su creación, y con todo lo que hay de bueno en ella, la situación incómoda del creyente que, en su amor preferente por el Señor, se enfrenta con una multitud de enemigos y de tentaciones; y que, en la espera de lo que hará el Dios fiel, mantiene la certeza del amor de Dios, y la entrega a la voluntad divina. La oración de los salmos está siempre orientada a la alabanza; por lo cual, corresponde bien al conjunto de los salmos el título de 'Las Alabanzas'. Recopilados los salmos en función del culto de la Asamblea, son invitación a la oración y respuesta a la misma: '¡Hallelu-Ya!' [Aleluya], '¡Alabad al Señor!'
¿Qué hay mejor que un salmo? Por eso, David dice muy bien: '¡Alabad al Señor, porque es bueno salmodiar: a nuestro Dios alabanza dulce y bella!'. Y es verdad. Porque el salmo es bendición pronunciada por el pueblo, alabanza de Dios por la Asamblea, aclamación de todos, palabra dicha por el universo, voz de la Iglesia, melodiosa profesión de fe. [San Ambrosio]

Resumen
2590. 'La oración es la elevación del alma hacia Dios o la petición a Dios de bienes convenientes'. [San Juan Damasceno]
2591. Dios llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso con El. La oración acompaña a toda la historia de la salvación como una llamada recíproca entre Dios y el hombre.
2592. La oración de Abraham y de Jacob aparece como una lucha de fe vivida en la confianza a la fidelidad de Dios, y en la certeza de la victoria prometida a quienes perseveran.
2593. La oración de Moisés responde a la iniciativa del Dios vivo para la salvación de su pueblo. Prefigura la oración de intercesión del único mediador, Cristo Jesús.
2594. La oración del pueblo de Dios se desarrolla a la sombra de la Morada de Dios, del Arca de la Alianza y del Templo, bajo la guía de los pastores, especialmente del rey David, y de los profetas.
2595. Los profetas llaman a la conversión del corazón y, al buscar ardientemente el rostro de Dios, como hizo Elías, interceden por el pueblo.
2596. Los salmos constituyen la obra maestra de la oración en el Antiguo Testamento. Presentan dos componentes inseparables: individual y comunitario. Y cuando conmemoran las promesas de Dios ya cumplidas y esperan la venida del Mesías, abarcan todas las dimensiones de la historia.
2597. Rezándolos en referencia a Cristo y viendo su cumplimiento en El, los Salmos son elemento esencial y permanente de la oración de su Iglesia. Se adaptan a los hombres de toda condición y de todo tiempo.

En la plenitud de los tiempos
2598. El drama de la oración se nos revela plenamente en el Verbo que se ha hecho carne y que habita entre nosotros. Intentar comprender su oración, a través de lo que sus testigos nos dicen en el Evangelio, es aproximarnos a la santidad de Jesús Nuestro Señor como a la zarza ardiendo: primero contemplando a El mismo en oración y después escuchando cómo nos enseña a orar, para conocer finalmente cómo acoge nuestra plegaria.
2599. El Hijo de Dios hecho Hijo de la Virgen aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. Y lo hizo de su madre que conservaba todas las 'maravillas' del Todopoderoso y las meditaba en su corazón. Lo aprende en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo. Pero su oración brota de una fuente secreta distinta, como lo deja presentir a la edad de los doce años: 'Yo debo estar en las cosas de mi Padre' [Lc 2,49 .]. Aquí comienza a revelarse la novedad de la oración en la plenitud de los tiempos: la oración filial, que el Padre esperaba de sus hijos va a ser vivida por fin por el propio Hijo único en su Humanidad, con los hombres y en favor de ellos.
2600. El Evangelio según san Lucas subraya la acción del Espíritu Santo y el sentido de la oración en el ministerio de Cristo. Jesús ora antes de los momentos decisivos de su misión: antes de que el Padre dé testimonio de El en su Bautismo y de su Transfiguración, y antes de dar cumplimiento con su Pasión al designio de amor del Padre; Jesús ora también ante los momentos decisivos que van a comprometer la misión de sus apóstoles: antes de elegir y de llamar a los Doce, antes de que Pedro lo confiese como 'el Cristo de Dios' y para que la fe del príncipe de los apóstoles no desfallezca ante la tentación. La oración de Jesús ante los acontecimientos de salvación que el Padre le pide que cumpla es una entrega, humilde y confiada, de su voluntad humana a la voluntad amorosa del Padre.
2601. 'Estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Maestro, enséñanos a orar»' [Lc 11,1 .]. Es, sobre todo, al contemplar a su Maestro en oración, cuando el discípulo de Cristo desea orar. Entonces, puede aprender del Maestro de oración. Contemplando y escuchando al Hijo, los hijos aprenden a orar al Padre.
2602. Jesús se retira con frecuencia en un lugar apartado, en la soledad, en la montaña, con preferencia durante la noche, para orar. Lleva a los hombres en su oración, ya que también asume la humanidad en la Encarnación, y los ofrece al Padre, ofreciéndose a sí mismo. El, el Verbo que ha 'asumido la carne', comparte en su oración humana todo lo que viven 'sus hermanos' [Hb 2,12 .]; comparte sus debilidades para librarlos de ellas. Para eso le ha enviado el Padre. Sus palabras y sus obras aparecen entonces como la manifestación visible de su oración 'en lo secreto'.
2603. Los evangelistas han conservado las dos oraciones más explícitas de Cristo durante su ministerio. Cada una de ellas comienza precisamente con la acción de gracias. En la primera, Jesús confiesa al Padre, le da gracias y lo bendice porque ha escondido los misterios del Reino a los que se creen doctos y los ha revelado a los 'pequeños' [los pobres de las Bienaventuranzas]. Su conmovedor '¡Sí, Padre!' expresa el fondo de su corazón, su adhesión al querer del Padre, que fue un eco del 'Fiat' de su Madre en el momento de su concepción y que preludia lo que dirá al Padre en su agonía. Toda la oración de Jesús está en esta adhesión amorosa de su corazón de hombre al 'misterio de la voluntad' del Padre [Ef 1,9 .].
2604. La segunda oración nos la transmite san Juan, antes de la resurrección de Lázaro. La acción de gracias precede al acontecimiento: 'Padre, yo te doy gracias por haberme escuchado', lo que implica que el Padre escucha siempre su súplica; y Jesús añade a continuación: 'Yo sabía bien que tú siempre me escuchas', lo que implica que Jesús, por su parte, pide de una manera constante. Así, apoyada en la acción de gracias, la oración de Jesús nos revela cómo pedir: antes de que lo pedido sea otorgado, Jesús se adhiere a Aquél que da y que se da en sus dones. El Dador es más precioso que el don otorgado, es el 'tesoro', y en El está el corazón de su Hijo; el don se otorga como 'por añadidura'.
La oración 'sacerdotal' de Jesús ocupa un lugar único en la Economía de la salvación [su explicación se hace al final de esta Primera sección]. Esta oración, en efecto, muestra el carácter permanente de la plegaria de nuestro Sumo Sacerdote, y, al mismo tiempo, contiene lo que Jesús nos enseña en la oración del Padre Nuestro [la cual se explica en la Segunda sección].
2605. Cuando llega la hora de cumplir el plan amoroso del Padre, Jesús deja entrever la profundidad insondable de su plegaria filial, no sólo antes de entregarse libremente ['Abbá... no mi voluntad, sino la tuya': Lc 22,42 .], sino hasta en sus últimas palabras en la Cruz, donde orar y entregarse son una sola cosa: 'Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen' [Lc 23,34 .]; 'Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso' [Lc 24,43 .]; 'Mujer, ahí tienes a tu Hijo' - 'Ahí tienes a tu madre' [Jn 19,26-27 .]; 'Tengo sed' [Jn 19,28 .]; '¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?' [Mc 15,34 .]; 'Todo está cumplido' [Jn 19,30 .]; 'Padre, en tus manos pongo mi espíritu' [Lc 23,46 .], hasta ese 'fuerte grito' cuando expira entregando el espíritu.
2606. Todos los infortunios de la humanidad de todos los tiempos, esclava del pecado y de la muerte, todas las súplicas y las intercesiones de la historia de la salvación están recogidas en este grito del Verbo encarnado. He aquí que el Padre las acoge y, por encima de toda esperanza, las escucha al resucitar a su Hijo. Así se realiza y se consuma el drama de la oración en la Economía de la creación y de la salvación. El Salterio nos da la clave para su comprensión en Cristo. Es en el 'hoy' de la Resurrección cuando dice el Padre: 'Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra' [Sal 2,7-8 .].
La carta a los Hebreos expresa en términos dramáticos cómo actúa la plegaria de Jesús en la victoria de la salvación: 'El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen' [Hb 5,7-9 .].
2607. Con el hecho de su oración, Jesús nos enseña a orar. El camino teologal de nuestra oración es su propia oración al Padre. Pero el Evangelio nos transmite una enseñanza explícita de Jesús sobre la oración. Como un pedagogo, nos toma donde estamos y, progresivamente, nos conduce al Padre. Dirigiéndose a las multitudes que le siguen, Jesús comienza con lo que ellas ya saben de la oración por la Antigua Alianza y las prepara para la novedad del Reino que está viniendo. Después les revela en parábolas esta novedad. Por último, a sus discípulos que deberán ser los pedagogos de la oración en su Iglesia, les hablará abiertamente del Padre y del Espíritu Santo.
2608. Ya en el Sermón de la Montaña, Jesús insiste en la conversión del corazón: la reconciliación con el hermano antes de presentar una ofrenda sobre el altar, el amor a los enemigos y la oración por los perseguidores, orar al Padre 'en lo secreto' [Mt 6,6 .], no gastar muchas palabras, perdonar desde el fondo del corazón al orar, la pureza del corazón y la búsqueda del Reino. Esta conversión se centra totalmente en el Padre; es lo propio de un hijo.
2609. Decidido así el corazón a convertirse, aprende a orar en la fe. La fe es una adhesión filial a Dios, más allá de lo que nosotros sentimos y comprendemos. Se ha hecho posible porque el Hijo amado nos abre el acceso al Padre. Puede pedirnos que 'busquemos' y que 'llamemos' porque El es la puerta y el camino.
2610. Del mismo modo que Jesús ora al Padre y le da gracias antes de recibir sus dones, nos enseña esta audacia filial: 'todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido' [Mc 11,24 .]. Tal es la fuerza de la oración, 'todo es posible para quien cree' [Mc 9,23 .], con una fe 'que no duda'. Tanto como Jesús se entristece por la 'falta de fe' de los de Nazaret [Mc 6,6 .] y la 'poca fe' de sus discípulos [Mt 8,26 .], así se admira ante la 'gran fe' del centurión romano y de la cananea.
2611. La oración de fe no consiste solamente en decir 'Señor, Señor', sino en disponer el corazón para hacer la voluntad del Padre [Mt 7,21 .]. Jesús invita a sus discípulos a llevar a la oración esta voluntad de cooperar con el plan divino.
2612. En Jesús 'el Reino de Dios está próximo', llama a la conversión y a la fe pero también a la vigilancia. En la oración, el discípulo espera atento a Aquel que 'es y que viene', en el recuerdo de su primera venida en la humildad de la carne, y en la esperanza de su segundo advenimiento en la gloria. En comunión con su Maestro, la oración de los discípulos es un combate, y velando en la oración es como no se cae en la tentación.
2613. San Lucas nos ha transmitido tres parábolas principales sobre la oración:
La primera, 'el amigo importuno', invita a una oración insistente: 'Llamad y se os abrirá'. Al que ora así, el Padre del cielo 'le dará todo lo que necesite', y sobre todo el Espíritu Santo que contiene todos los dones.
La segunda, 'la viuda importuna', está centrada en una de las cualidades de la oración: es necesario orar siempre, sin cansarse, con la paciencia de la fe. 'Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?'
La tercera parábola, 'el fariseo y el publicano', se refiere a la humildad del corazón que ora. 'Oh Dios, ten compasión de mí que soy pecador'. La Iglesia no cesa de hacer suya esta oración: '¡Kyrie eleison!'.
2614. Cuando Jesús confía abiertamente a sus discípulos el misterio de la oración al Padre, les devela lo que deberá ser su oración, y la nuestra, cuando haya vuelto, con su humanidad glorificada, al lado del Padre. Lo que es nuevo ahora es 'pedir en su Nombre'. La fe en El introduce a los discípulos en el conocimiento del Padre porque Jesús es 'el Camino, la Verdad y la Vida' [Jn 14,6 .]. La fe da su fruto en el amor: guardar su Palabra, sus mandamientos, permanecer con El en el Padre que nos ama en El hasta permanecer en nosotros. En esta nueva Alianza, la certeza de ser escuchados en nuestras peticiones se funda en la oración de Jesús.
2615. Más todavía, lo que el Padre nos da cuando nuestra oración está unida a la de Jesús, es 'otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad' [Jn 14,16-17 .]. Esta novedad de la oración y de sus condiciones aparece en todo el discurso de despedida. En el Espíritu Santo, la oración cristiana es comunión de amor con el Padre, no solamente por medio de Cristo, sino también en El: 'Hasta ahora nada le habéis pedido en mi Nombre. Pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea perfecto' [Jn 16,24 .].
2616. La oración a Jesús ya ha sido escuchada por El durante su ministerio, a través de los signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras, o en silencio. La petición apremiante de los ciegos: '¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!' [Mt 9,27 .] o '¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!' [Mc 10,48 .] ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: '¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de mí, pecador!' Sanando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria del que le suplica con fe: 'Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!'.
San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: 'Orat pro nobis ut sacerdos noster, orat in nobis ut caput nostrum, oratur a nobis ut Deus noster. Agnoscamus ergo et in illo voces nostras et voces eius in nobis' ['Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a El se dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en El nuestras voces; y la voz de El, en nosotros'].
2617. La oración de María se nos revela en la aurora de la plenitud de los tiempos. Antes de la encarnación del Hijo de Dios y antes de la efusión del Espíritu Santo, su oración coopera de manera única con el designio amoroso del Padre: en la anunciación, para la concepción de Cristo; en Pentecostés para la formación de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. En la fe de su humilde esclava, el don de Dios encuentra la acogida que esperaba desde el comienzo de los tiempos. La que el Omnipotente ha hecho 'llena de gracia' responde con la ofrenda de todo su ser: 'He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra'. Fiat, ésta es la oración cristiana: ser todo de El, ya que El es todo nuestro.
2618. El Evangelio nos revela cómo María ora e intercede en la fe: en Caná, la madre de Jesús ruega a su hijo por las necesidades de un banquete de bodas, signo de otro banquete, el de las bodas del Cordero que da su Cuerpo y su Sangre a petición de la Iglesia, su Esposa. Y en la hora de la nueva Alianza, al pie de la Cruz, María es escuchada como la Mujer, la nueva Eva, la verdadera 'madre de los que viven'.
2619. Por eso, el cántico de María [el 'Magnificat' latino, el 'Megalinario' bizantino] es a la vez el cántico de la Madre de Dios y el de la Iglesia, cántico de la Hija de Sión y del nuevo Pueblo de Dios, cántico de acción de gracias por la plenitud de gracias derramadas en la Economía de la salvación, cántico de los 'pobres' cuya esperanza ha sido colmada con el cumplimiento de las promesas hechas a nuestros padres 'en favor de Abraham y su descendencia por siempre'.

Resumen
2620. En el Nuevo Testamento el modelo perfecto de oración se encuentra en la oración filial de Jesús. Hecha con frecuencia en la soledad, en lo secreto, la oración de Jesús entraña una adhesión amorosa a la voluntad del Padre hasta la cruz y una absoluta confianza en ser escuchada.
2621. En su enseñanza, Jesús instruye a sus discípulos para que oren con un corazón purificado, una fe viva y perseverante, una audacia filial. Les insta a la vigilancia y les invita a presentar sus peticiones a Dios en su Nombre. El mismo escucha las plegarias que se le dirigen.
2622. La oración de la Virgen María, en su Fiat y en su Magnificat, se caracteriza por la ofrenda generosa de todo su ser en la fe.

En el tiempo de la Iglesia
2623. El día de Pentecostés, el Espíritu de la promesa se derramó sobre los discípulos, 'reunidos en un mismo lugar' [Hch 2,1 .], que lo esperaban 'perseverando en la oración con un mismo espíritu' [Hch 1,14 .]. El Espíritu que enseña a la Iglesia y le recuerda todo lo que Jesús dijo, será también quien la instruya en la vida de oración.
2624. En la primera comunidad de Jerusalén, los creyentes 'acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones' [Hch 2,42 .]. Esta secuencia de actos es típica de la oración de la Iglesia; fundada sobre la fe apostólica y autentificada por la caridad, se alimenta con la Eucaristía.
2625. Estas oraciones son en primer lugar las que los fieles escuchan y leen en la Sagrada Escritura, pero las actualizan, especialmente las de los salmos, a partir de su cumplimiento en Cristo. El Espíritu Santo, que recuerda así a Cristo ante su Iglesia orante, conduce a ésta también hacia la Verdad plena, y suscita nuevas formulaciones que expresarán el insondable Misterio de Cristo que actúa en la vida, en los sacramentos y en la misión de su Iglesia. Estas formulaciones se desarrollan en las grandes tradiciones litúrgicas y espirituales. Las formas de la oración, tal como las revelan los escritos apostólicos canónicos, siguen siendo normativas para la oración cristiana.

La bendición y la adoración
2626. La bendición expresa el movimiento de fondo de la oración cristiana: es encuentro de Dios con el hombre; en ella, el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen. La oración de bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición.
2627. Dos formas fundamentales expresan este movimiento: o bien la oración asciende llevada por el Espíritu Santo, por medio de Cristo hacia el Padre [nosotros le bendecimos por habernos bendecido]; o bien implora la gracia del Espíritu Santo que, por medio de Cristo, desciende de junto al Padre [es El quien nos bendice].
2628. La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho y la omnipotencia del Salvador que nos libra del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el 'Rey de la gloria' [Sal 24,9-10 .] y el silencio respetuoso en presencia de Dios 'siempre mayor'. La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas.

La oración de petición
2629. El vocabulario neotestamentario sobre la oración de súplica está lleno de matices: pedir, reclamar, llamar con insistencia, invocar, clamar, gritar, e incluso 'luchar en la oración'. Pero su forma más habitual, por ser la más espontánea, es la petición. Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno hacia El.
2630. El Nuevo Testamento no contiene apenas oraciones de lamentación, frecuentes en el Antiguo Testamento. En adelante, en Cristo resucitado, la oración de la Iglesia es sostenida por la esperanza, aunque todavía estemos en la espera y tengamos que convertirnos cada día. La petición cristiana brota de otras profundidades, de lo que san Pablo llama el gemido: el de la creación 'que sufre dolores de parto' [Rm 8,22 .], el nuestro también en la espera 'del rescate de nuestro cuerpo. Porque nuestra salvación es objeto de esperanza' [Rm 8,23-24 .], y, por último, los 'gemidos inefables' del propio Espíritu Santo que 'viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene' [Rm 8,26 .].
2631. La petición de perdón es el primer movimiento de la oración de petición. Es el comienzo de una oración justa y pura. La humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo, y de los unos con los otros: entonces 'cuanto pidamos lo recibimos de él' [1Jn 3,22 .]. Tanto la celebración de la Eucaristía como la oración personal comienzan con la petición de perdón.
2632. La petición cristiana está centrada en el deseo y en la búsqueda del Reino que viene, conforme a las enseñanzas de Jesús. Hay una jerarquía en las peticiones: primero el Reino, a continuación lo que es necesario para acogerlo y para cooperar a su venida. Esta cooperación con la misión de Cristo y del Espíritu Santo, que es ahora la de la Iglesia, es objeto de la oración de la comunidad apostólica. Es la oración de Pablo, el apóstol por excelencia, que nos revela cómo la solicitud divina por todas las Iglesias debe animar la oración cristiana. Con la oración todo bautizado trabaja por la Venida del Reino.
2633. Cuando se participa así en el amor salvador de Dios, se comprende que toda necesidad pueda convertirse en objeto de petición. Cristo, que ha asumido todo para rescatar todo, es glorificado por las peticiones que ofrecemos al Padre en su Nombre. Con esta seguridad, Santiago y Pablo nos exhortan a orar en toda ocasión.

La oración de intercesión
2634. La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. El es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres, de los pecadores en particular. Es capaz de 'salvar perfectamente a los que por El se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor' [Hb 7,25 .]. El propio Espíritu Santo 'intercede por nosotros... y su intercesión a favor de los santos es según Dios' [Rm 8,26-27 .].
2635. Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos. En la intercesión, el que ora busca 'no su propio interés sino el de los demás' [Flp 2,4 .], hasta rogar por los que le hacen mal.
2636. Las primeras comunidades cristianas vivieron intensamente esta forma de participación. El apóstol Pablo les hace participar así en su ministerio del Evangelio; él intercede también por las comunidades. La intercesión de los cristianos no conoce fronteras: 'por todos los hombres, por todos los constituidos en autoridad' [1Tm 2,1 .], por los perseguidores, por la salvación de los que rechazan el Evangelio.

La oración de acción de gracias
2637. La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte cada vez más en lo que ella es. En efecto, en la obra de salvación, Cristo libera a la creación del pecado y de la muerte para consagrarla de nuevo y devolverla al Padre, para su gloria. La acción de gracias de los miembros del Cuerpo participa de la de su Cabeza.
2638. Al igual que en la oración de petición, todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias. Las cartas de san Pablo comienzan y terminan frecuentemente con una acción de gracias, y el Señor Jesús siempre está presente en ella. 'En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros' [1 Ts 5,18.]. 'Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias' [Col 4,2 .].

La oración de alabanza
2639. La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por El mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que El es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la Gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios, da testimonio del Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos al Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel que es su fuente y su término: 'un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y por el cual somos nosotros' [1Co 8,6 .].
2640. San Lucas menciona con frecuencia en su Evangelio la admiración y la alabanza ante las maravillas de Cristo, y las subraya también respecto a las acciones del Espíritu Santo que son los hechos de los apóstoles: la comunidad de Jerusalén, el tullido curado por Pedro y Juan, la muchedumbre que glorificaba a Dios por ello, y los gentiles de Pisidia que 'se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor' [Hch 13,48 .].
2641. 'Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados, cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor' [Ef 5,1 9 .]. Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo: su encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su resurrección y su ascensión a su derecha. De esta 'maravilla' de toda la Economía de la salvación brota la doxología, la alabanza a Dios.
2642. La revelación 'de lo que ha de suceder pronto' -el Apocalipsis- está sostenida por los cánticos de la liturgia celestial y también por la intercesión de los 'testigos' [mártires: Ap 6,10 .]. Los profetas y los santos, todos los que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de Jesús, la muchedumbre inmensa de los que, venidos de la gran tribulación nos han precedido en el Reino, cantan la alabanza de gloria de Aquel que se sienta en el trono y del Cordero. En comunión con ellos, la Iglesia terrestre canta también estos cánticos, en la fe y la prueba. La fe, en la petición y la intercesión, espera contra toda esperanza y da gracias al 'Padre de las luces de quien desciende todo don excelente' [St 1,17 .]. La fe es así una pura alabanza.
2643. La Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración: es la 'ofrenda pura' de todo el Cuerpo de Cristo 'a la gloria de su Nombre'; es, según las tradiciones de Oriente y de Occidente, 'el sacrificio de alabanza'.

Resumen
2644. El Espíritu Santo que enseña a la Iglesia y le recuerda todo lo que Jesús dijo, la educa también en la vida de oración, suscitando expresiones que se renuevan dentro de unas formas permanentes de orar: bendición, petición, intercesión, acción de gracias y alabanza.
2645. Gracias a que Dios le bendice, el hombre en su corazón puede bendecir, a su vez, a Aquel que es la fuente de toda bendición.
2646. La oración de petición tiene por objeto el perdón, la búsqueda del Reino y cualquier necesidad verdadera.
2647. La oración de intercesión consiste en una petición en favor de otro. No conoce fronteras y se extiende hasta los enemigos.
2648. Toda alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda necesidad pueden ser motivo de oración de acción de gracias, la cual, participando de la de Cristo, debe llenar la vida entera: 'En todo dad gracias' [1 Ts 5,18.].
2649. La oración de alabanza, totalmente desinteresada, se dirige a Dios; canta para El y le da gloria no sólo por lo que ha hecho sino porque El es.

 


 

 

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