Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA)   -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                                                      |    |    |    |
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Una multitud participó de la Santa Misa y bendición del Padre Ignacio.
 

Más de seis mil personas concurrieron al "campito" situado en la intersección de las calles Comandante Espora y Alberdi de nuestra ciudad, a participar de la Misa y posterior bendición del Padre Ignacio Períes.  

 

 

En una tarde plena de sol y ante unas seis mil personas, el Padre Ignacio celebró la Santa Misa junto al padre Ariel, párroco de Santa Julia,  y dos sacerdotes más: los Pbros. Rodrigo Vázquez - vicario de Santa Julia - y Walter Basile, párroco de Nuestra Sra. del Carmen del Barrio Centenario.

 

En su homilía, el padre Ignacio expreso: “Todos queremos una vida feliz materialmente, sentimentalmente y espiritualmente, pero siempre inclinado a lo terrenal. Pensamos que cuando más te­nemos nuestros bolsillos llenos, podemos alcanzar la felicidad pero el Señor nos dice, que la felicidad no alcanza con el bol­sillo. La felicidad verdadera es la forma en que llenamos más allá que el bolsillo, es el corazón con la gracia de Dios”

 

“La forma de buscar la riqueza de Dios, nos obliga a renunciar a muchas cosas, en primer lugar nuestra ambición. También los valores que ponemos para vivir y compartir la vida y, sobre todo, cómo buscamos auténticamente nuestra felicidad verdadera.

 

“Todos –continuó diciendo el padre Ignacio- tenemos que desprendernos de muchas cosas. Si nosotros no podemos despren­dernos de lo material, dándole el mejor lugar a Dios, es muy difícil de encontrar el equilibrio para mantener y sostener la vida. Dios hizo todas las cosas para bien del hombre pero luego, nos dice si queremos disfrutar, que tengamos un equilibrio. Esto da la posibilidad a la gracia y la bondad de Dios que obre en nosotros, pero como nosotros no tenemos la posibilidad de equilibrar nuestras vidas en lo espiritual y en lo material, mu­chas veces terminamos destru­yendo nuestras vidas”, aseguró el padre Ignacio.

 

“Queremos asegurar muchas cosas en lo material y pensamos que tenemos seguridad ante todo. El hombre que no tiene flexibilidad en lo espiritual, termina destruyendo su propia vida. Es por eso que el Señor nos invita a convertir nuestro corazón, para que podamos encontrar la fe en nosotros, una fe que puede lograr grandes milagros en nuestra vida”, complementó.
 

Devoción a la Eucaristía

 

“Todos los días cuando nos levantemos, si buscamos unas gotitas de fe, la gracia de Dios, sin ninguna duda, obra en nosotros. Esa gracia nos da respuestas para creer en Jesús y abrirle nuestro corazón, eso es lo que podemos hacer en la Eucaristía. Es por eso que mi devoción a Ella es muy grande. A través de la fe, se transforma el cuerpo y la sangre de Cristo, para nuestro bien y ali­mentar nuestra vida y asegurar la felicidad que buscamos en la gracia de Dios.

 

“Los sacerdotes somos instrumentos a disposición de ustedes para despertar esta fe y agregar a vuestras vidas, esas gotitas de fe para encender la vida oscura y débil para dar amor y bondad”, explicó el padre Ignacio.

 


 

El Padre Ignacio bendice a una feligresa.

 

 

“Cuando aprendamos a desprendernos, vamos encontrar a Dios”

 

Más adelante reiteró la necesidad de “aprender a renunciar” a muchas cosas. “Cuando se pierde en lo material, en lo terrenal, es muy difícil de encontrarse. Se pierde hasta la felicidad del ho­gar, de la familia, no solamente a Dios. Aprender a desprenderse de todo lo que nos impide en­contrar a Dios”, invitó. “Jesús nos da todo, pero que ubiquemos los valores como corresponde en la vida. Sobre todo, en la fe y en la gracia de Dios. Cuando aprendamos a desprendernos, vamos encontrar a Dios, ese amor y cariño que va a obrar en cada uno de nosotros. Podemos servir a Dios, más allá de lo material, el dinero y el po­der para que El obre en nosotros y, de esta forma, descubrir nuestra felicidad”, explicó. Finalmente sugirió a los asistentes a pedir la gracia de Dios para ser “flexibles y equi­librados” y encontrar en ella la felicidad y la fe para “sobrellevar nuestra cruz de cada día”.

 

Luego de la misa e inmediatamente, el padre Ignacio bendijo a cada persona que se encontraba en el predio, acción que se concretó hasta altas horas de la noche. Mucha emoción, ruego y esperanza en los rostros de los presentes en el momento en que se acercaba el padre Ignacio con sus manos extendidas, en una jornada de calor espiritual y fe.

 


 

 

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