Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA)   -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                                                      |    |    |    |
Actividades

Parroquia

Caritas

Colegio

Jardín de Infantes

Imágenes

Reflexiones

Homilías

Meditaciones

Relaciones

Nuestra Patrona

Nuestra Diócesis

Catequesis en la Red

El Credo

Los Mandamientos

Los Sacramentos

La Oración Cristiana

Los Santos

El Sermón de la Montaña

Tiempos Litúrgicos

Adviento y Navidad

Cuaresma

Pascua

Donaciones

 

Despenalización del aborto
Un gran debate constitucional
Por Rodolfo Barra

Semanas atrás, La Nación publicó importantes declaraciones de la Jueza Argibay, integrante de nuestra Corte Suprema de Justicia. Fundamentalmente sostuvo que ya era necesario discutir seriamente el tema del aborto para, eventualmente, lograr su habilitación legal (hoy se encuentra prohibido y castigado por la ley penal, salvo limitadísimas excepciones).
Argibay es una excelente jueza, que en sus sentencias antepone a sus preferencias personales la estricta aplicación de la Constitución y la ley, aún frente a contradicciones insalvables. Así lo hizo, recordemos, en su disidencia parcial en la causa "Mazzeo" (Fallos: 330:3248) una de las más trascendentes en materia de la protección penal de los derechos humanos -declaró la inconstitucionalidad de los indultos presidenciales que habían favorecido a militares de distinta jerarquía (incluso a miembros de las Juntas) acusados de crímenes contra los derechos humanos. Allí, Argibay, a pesar de sus propias convicciones, sostuvo el valor primordial de la "cosa juzgada" en el mismo "derecho de gentes", respetando así una anterior sentencia de la Corte Suprema (con diversa integración) que había admitido la constitucionalidad de tales indultos.
Así también actuó Argibay en el caso "Sanchez" (Fallos: 330:2304). En este se trató de la indemnización a los causahabientes de un "por nacer" que había sido asesinado (junto con su madre) por un represor en los "años de plomo". La Corte, con la participación de Argibay reconoció la calidad de "persona" en el "por nacer" (así lo es, por otra parte, no solo por el Código Civil, sino, principalmente, por las convenciones sobre derechos humanos que forman parte integrante de nuestra Constitución), y "concordó" con el dictamen fiscal en cuanto a las bases constitucionales del fallo.
Claro que si el "por nacer" es persona es porque es ser humano. Así lo establecen la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la Declaración Universal de Derechos Humanos y, con gran claridad, la Convención Americana sobre derechos Humanos, que en su art. 1.2 declara que "para los efectos de esta Convención, persona es todo ser humano". Como la Convención, reitero, forma parte de la Constitución, complementando (es decir, "perfeccionando", según el diccionario) los derechos por ella reconocidos, no es equivocado afirmar que "para los efectos de la Constitución, persona es todo ser humano". El por nacer es, entonces, un ser humano.
Claro que si Argibay defiende la libertad de aborto, y así su despenalización, debería también afirmar que algunos seres humanos, los todavía no nacidos, carecerían de protección penal, convicción que no podemos precisamente inferir en una acérrima y eficaz defensora de los derechos humanos como ella.
Lo que ocurre es que Argibay -esta es sí una presunción que, respetuosamente, me parece plausible- tendría la convicción personal de que el "por nacer" no es un ser humano (así deben seguramente creerlo todos los defensores del aborto libre, de lo contrario este sería indefendible) lo que debería obligar a modificar el Código Civil y, más, nuestra Constitución, para poder sostener legalmente tal aserto.
Entonces, el represor asesino del caso "Sanchez" habría matado a la madre pero no a la hija, que tampoco habría sido, estrictamente, hija, ya que una madre humana solo puede tener hijos humanos. Sería (aquella víctima inocente) un ser concebido no humano, un ser si bien existente, necesariamente excluido de la garantía jurídica de la personalidad y por tanto ajeno a la calidad de sujeto de derechos. Así, el aborto sería simplemente la interrupción de un proceso biológico y no la destrucción de la vida de un ser humano.
Quizás Argibay sostenga argumentos parecidos a los anteriores, seguramente mejor fundados, pero mientras estos contradigan a nuestro ordenamiento jurídico su conciencia de buen juez la lleva a decidir los casos judiciales como lo ha hecho en "Sanchez".
Lo que ahora nos propone Argibay es un debate sobre el aborto. Claro está que debe ser un debate constitucional, ya que para admitir la despenalización del aborto debemos cambiar nuestra Constitución. La Convención Americana sostiene que se es persona (por tanto, ser humano) "a partir del momento de la concepción", y así, continúa, la vida de ese ser humano debe ser protegida, en general, por la ley.
Para el Preámbulo de la Convención sobre los Derechos del Niño ?la que también forma parte de nuestra Constitución- "el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento". Nuestro país suscribió a tal Convención ?y estas son las "condiciones de vigencia" de la misma para nuestro ordenamiento, como lo establece el art,. 75.22, de la Constitución- con la siguiente reserva interpretativa del art. 1 de aquella: "se entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad", mientras que el art. 6 de esta Convención prescribe: "1. Los Estados partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida; 2. Los Estados partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y desarrollo del niño". A la vez, el art. 75.23 de la Constitución le ordena al Congreso a "dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en situación de desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del período de enseñanza elemental", lo que obligaría a proteger al niño "por nacer" que, desde el embarazo, se encuentra potencialmente en una "situación de desamparo" ante la posibilidad que lo maten a través de un aborto químico o quirúrgico.
El problema es difícil de resolver porque, ¿cómo hace el Estado para amparar al "por nacer" si autoriza el aborto, si lo practica el mismo Estado en su sistema de salud? ¿Cómo se hace para no penar la muerte provocada de un ser humano?
Las respuestas vendrán a partir de la propuesta de Argibay. Según supongo, la jueza, frente a la contradicción entre su pensamiento y la Constitución y la ley, y su valiente e inconmovible decisión de aplicarlas sin excepciones, quiere que se debata: la condición de no ser humano del por nacer (lo que obligará también a identificar debidamente a la especie, o quizás genero, a la que pertenece); congruentemente su calidad de no persona y no sujeto de derecho y acreedor de la protección legal, incluso penal. Naturalmente, no bastará con las pruebas biológicas de la no humanidad del por nacer, desde su concepción hasta el nacimiento, sino que deberá ser modificado el Código Civil, el Penal y sobre todo, la Constitución. El art. 75.23, en la parte arriba citada, deberá ser derogado y quizás reemplazado por el derecho de la madre al aborto libre y gratuito en toda institución estatal. Las Convenciones sobre derecho humanos que también cité deberán ser excluidas de su jerarquía constitucional, y, como seguirían igual vigentes con el valor de preeminencia que corresponde al sistema internacional sobre derechos humanos, deberán ser igualmente denunciadas por la República Argentina, al menos, si fuese posible, en sus normas más comprometidas.
Este es el gran debate constitucional al que ?enhorabuena, para así terminar con las discusiones dogmáticas- nos invita la jueza Argibay.


PD: Con relación a su propuesta de quitar los crucifijos de las salas de audiencia de los tribunales, me atrevo a pedir que no mutilen el conjunto artesanal que conforma el estrado de la Corte Suprema, o por lo menos lo ubiquen en algún museo, lo que no dejaría de tener su simbolismo.
 

El autor fue juez de la Corte Suprema de Justicia

Martes 5 de octubre de 2010
FUENTE: LANACION.COM

 

Parroquia Santa Julia

  Alberdi 3065 - Pergamino  (BA) - República Argentina |Diócesis de San Nicolás de los Arroyos

Teléfono:  02477 429001 | email: informa@capsantajulia.com.ar