Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA)   -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                                                      |    |    |    |
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Acto de fe: el padre Ignacio Peries derramó su bendición ante una multitud de creyentes
 

El sacerdote indio, líder de la “Cruzada del Espíritu Santo”, visitó nuestra ciudad y ofició la Santa Misa junto a párrocos de Pergamino. Algunos lo llaman el “cura sanador” ya que por intersección de él, Dios ha obrado milagros en cientos de personas.

Crónica especial del diario La Opinión de Pergamino.

 

 


 

En la tarde de ayer, invitado especialmente por el padre Ariel Busso, el padre Ignacio Peries arribó a nuestra ciudad y celebró la Santa Misa en un predio ubicado en el barrio Santa Julia. Todo el país habla del padre Ignacio, la feligresía manifiesta que sus palabras alivian y el don divino de sanar provoca tanta fe que, día a día los fieles se multiplican.
 

Algunos lo llaman el “cura sanador”, será por eso que más de 3 mil personas se apostaron en el terreno, que fuera acondicionado para el evento, para disfrutar de esta ceremonia de amor, en donde más de uno pudo sentir, en su interior, la presencia divina de Dios, que a través del sacerdote indio y gracias a la ferviente oración, produce milagros.
 

Antes de dar inicio a la celebración el padre de piel morena y gestos convincentes, que hace poco más de 20 años se instaló en la ciudad de Rosario en representación del movimiento que ahora preside, denominado “Cruzada del Espíritu Santo”, tranquilizó a la población que esperaba ansiosa una palabra de aliento que pudiera ser consuelo en su angustia, respuesta a sus problemas, y conforte a sus pesares. “No se preocupen que no me iré de aquí hasta no haber saludado hasta la última persona”, expresó Peries antes una multitud que mirándolo embelesada, le ofreció un cálido aplauso como gesto de bienvenida.

Santa Misa

 

A las 16:00 en punto, tal como estaba pautado, comenzó la celebración de la Santa Misa que fuera concelebrada por otros sacerdotes de la ciudad, entre ellos, el padre Ariel Busso, Miguel Nadur, Jorge Carvajal y Rodrigo Vázquez, que asistían en todo momento al invitado.
La misa transcurrió ante un importante marco de público que había comenzado a congregarse desde el mediodía. La zona estaba perfectamente dividida. A pocos metros del altar se ubicó la población que ve afectada seriamente su salud, niños, jóvenes, adultos y hasta ancianos: Así como también las personas que suplicaban un milagro para sus vidas.
 

Detrás de otra valla, instalada en el “campito”, se situaba la feligresía en general.
 

Sólo cuando el padre Ignacio estiraba sus manos o bajaba del escenario la gente se agolpaba para, aunque sea tocar parte de la túnica o esperar una bendición.

Señal divina

 

Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue la consagración, acto en el que se hace presente Jesús en la Eucaristía y el vino consagrados. A pesar de que el día se mantuvo nublado, cuando el sacerdote levantó la Hostia y el copón, los cálidos rayos del sol se asomaron lentamente para luego volver a esconderse.

Por los enfermos

 

Desde siempre, el padre Ignacio tuvo la mirada puesta en el dolor de los enfermos. Por ello las intenciones y oraciones estuvieron orientadas a subsanar el mal físico o psíquico de las personas que allí se encontraban.
 

Rápidamente, el carisma del sacerdote indio se apoderó de los fieles y hoy no tiene otra vida que la parroquia del barrio Rucci de Rosario, oficiar hasta tres misas diarias, dar charlas a los jóvenes, bendiciones a los adultos y atender entre 300 y 400 personas por día que asisten a la Parroquia Natividad del Señor.
 

Por este motivo llamó la atención su llegada a Pergamino, ya que, debido a los compromisos asumidos, no es habitual la salida del sacerdote a otras localidades para oficiar misas. En este sentido el “hombre de Dios”, aclaró que su visita era en respuesta de la invitación que una vez le hizo el padre Ariel Busso.
 

En la bendición final, el padre Ignacio rogó por “la salud de los pequeños” y “por nuestras familias, para que tengan seguridad y tranquilidad”.
 

La mayor concentración de personas se produjo al final, cuando el “cura sanador” como lo reconocen, sin bajar del escenario en donde se encontraba el altar, saludó a la feligresía extendiendo su mano, alzando a los más pequeños y ofreciendo bendiciones a esa población que esperaba un gesto que brindara esperanza a los corazones afligidos.

La fuerza de la Eucaristía

 

Uno de los momentos más esperados por la feligresía fue la Homilía, momento en que el padre Ignacio se dirigió a los presentes, ofreciendo palabras de amor y de aliento. El silencio reinó por espacio de, aproximadamente, 30 minutos. La población escuchó atentamente el mensaje del sacerdote que instó a los católicos a seguir siendo luz de esperanza en este mundo, discípulos y referentes de Jesús en la sociedad, creyendo en la gracia de Dios.
 

“Estos encuentros constituyen momentos hermosos para compartir la Eucaristía donde Jesús nos promete su amor más grande, su gracia incondicional para que nosotros podamos sobrellevar la vida cotidiana, signada por el dolor, el sufrimiento, y encontrar la paz y la esperanza. No hay vida sin sufrimiento, es una parte de nuestra condición humana, como dice el libro de Génesis, cuando nosotros mismos, nuestros antepasados, el ser humano, eligió para vivir la vida terrenal, rechazó lo celestial. Por lo tanto con el propio sudor y lágrimas deberemos buscar lo celestial, la gracia de Dios. Por eso en esta vida a todos, de alguna forma, nos toca el dolor. Pero siempre hay que tener presente que luego de la tormenta sale el sol. El ejemplo más claro es el de una madre que espera a su hijo. Cuando se da a luz se produce un dolor, la vida nace con llantos, un niño llega al mundo con llantos y lágrimas. Y cuando nace, a pesar del sufrimiento, comienza la felicidad de la vida, la esperanza en el mundo. Por eso dice Jesús, una mujer cuando se está preparando para dar a luz a un hijo, naturalmente tiene sufrimientos, padece miedo angustia, desesperación, y muchos pensamientos positivos y negativos porque no podemos develar el misterio del futuro.
 

“Todo lo que preocupa, todo lo que piensa, la angustia que existe en la cotidianeidad apareja mucho llanto pero llega un momento en que encontramos al niño, y eso pasa con la madre que pierde hasta el 70 por ciento del dolor que produce el parto.
 

“De esta manera, más allá del llanto y la alegría, el Señor nos invita a que aprendamos a vivir cada momento de nuestra vida confiando en la gracia de Dios.
 

“Por ahí pensamos que al ser pecadores Dios nos abandona y ni se acuerda de nosotros, pero no es así. Hace unos días celebramos el Día del Buen Pastor. El Señor ama hasta las ovejas negras, que están descarriadas, y su intención, como buen pastor, es rescatarlas. Con este gesto nos asegura que, más allá de nuestras debilidades, Dios nos ama. Nosotros tenemos que aprender a mover el corazón de Dios con nuestra fe, esa que mueve montañas.
 

“Nos cuesta mucho encontrar la fe porque vivimos la vida con la condición de ayer y con los sueños y sentimientos de mañana. Entre las dos cosas se crea un espacio de angustia, incertidumbre y otras cosas. Nosotros creemos en el Señor por eso tenemos que confiar en él viviendo el presente de dolor y lágrimas que nos toca vivir por eso siempre debemos confiar en la gracia de Dios que nunca nos abandona.
 

“Cuando nos toca el sufrimiento, la angustia nos provoca muchas cosas, hasta pérdida de fe porque somos seres humanos. Por eso es importante creer incondicionalmente en Dios porque de esta manera el Señor no nos abandona. Dios está siempre con nosotros. Debemos pedir que la fe nos lleve con su corriente. El Espíritu Santo sopla donde quiere y cómo quiere. Esa gracia que sopla sobre nosotros, que nos acompaña en la vida, el amor de Dios siempre nos ayuda a salir adelante.
 

“Los paracaidistas deben tomar una decisión muy difícil pero asegurando que va a llegar al lugar deseado. Primero debe subir a una altura, cuando se abre la puerta del avión, debe decidir si se tira o no. Cuando se deja llevar por el envión no hay regreso. Nuestra vida es así. Cuando atravesamos momentos difíciles debemos tomar, con fe y confianza, decisiones.
 

“A veces el dolor y la angustia nos paraliza, hasta la fe, porque falta confianza en nosotros mismos. En ese momento debemos hacer como el paracaidista que se deja llevar por el viento que maneja el cuerpo con flexibilidad. Esto le permite aterrizar en buen puerto.
 

“A veces nos cuesta entender y nos desesperamos pero lo más lindo es refugiarnos en la Gracia de Dios, no resistirnos y dejar que el Señor nos lleve.
 

“¿Dónde encontramos esa fuerza divina? Nosotros buscamos en muchos lugares esa fuerza, pero no nos damos cuenta que la fuerza más grande está en la Eucaristía, el amor más grande que Jesús deja para alimentarnos. Tenemos que hacer crecer la fuerza de Dios con nuestras buenas actitudes.
 

“Por eso debemos hacer hincapié en la consagración, que es el momento más hermoso porque Jesús se hace presente entre nosotros. Por eso debemos comulgar para obtener fuerza, esperanza, energía.
 

“La desesperación nos hace pedir muchas cosas pero tenemos que tener en cuenta que Dios nos da todo lo necesario para encontrar la fuerza en la Eucaristía. Debemos hacer nuestras peticiones sin egoísmo, pidiendo y rezando por los demás también.
 

“Es Dios el que tiene el poder de darnos todo lo que necesitamos para sobrellevar nuestra vida. No bajemos los brazos ni perdamos la confianza en la misericordia de Dios, no hay que generar resistencia para no perder energía sino dejarnos caer en la Gracia de Dios.
 

“La vida empieza y termina con llantos y lágrimas. Tenemos que buscar la satisfacción y eso se logra con amor y caridad.
 

“La misa no es de sanación. Yo no soy sanador, sana el Señor, y lo hace cuando abrimos el corazón y depositamos nuestra fe en su gracia. Sólo así viviremos con alegría”.

La Opinión de Pergamino
 

 

Parroquia Santa Julia

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