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 Sonetos dispersos
 Ariel David Busso

 


 TU SILENCIO Y EL MÍO

 No quiero estar así. Retorno fuerte
 con un poco de miedo. Con sofoco.
 Es milagro inesperado. Es otro poco
 del silencio que tiembla y es mi suerte.

 No digo silencio, que el tenerte
 es la imagen que guardo y que te evoco.
 Estar sin ti es aturdirme ¿O me equivoco?
 ¿O  anticipo el jubileo para verte?

 Quiero permanecer mientras me llega
 tu esperado silencio y que me entrega
 ese lento sendero que recorres.

 Pero es tarde. Es tarde. Eso es todo.
 Yo sólo sé habitarme de este modo.
 Tu silencio y el mío son dos torres.



 APENAS LLUEVE

 Apenas llueve, y es la lluvia que me trajo
 desgarrando vivencias y el cariño
 lleno de vértigo. Y sin embargo me ciño
 al inmóvil ayer que las sustrajo.

 Llueve. Y el agua va corriendo mar abajo
 y se lleva la sonrisa. No escudriño.
 Tienen la imagen de algún niño
 que a la escala de un ciprés, va gajo a gajo.

 Vuelvo a mirar atrás, pero es en vano
 el agua se me escapa de la mano.
 Tiene más de memoria que de llanto.

 Apenas lo comprendo. Tan cercano
 y el recuerdo amargo no es tirano.
 Bajo otra lluvia crecerá mi canto.



 ¿QUIERES QUE TE CUENTE CÓMO FUE MI VIDA?

 ¿Quieres que te cuente cómo fue mi vida?
 Fueron pequeñas notas vacilantes,
 a veces con puntadas de diamante,
 otras con puñal. Miles de heridas.

 A veces con la espera descreída
 y ese gozo que es ceniza de un instante,
 obsesión de ternura transhumante
 entre brumas y huidas desmedidas.

 Alguna que otra luz, en primavera,
 milagro de mañana eterna y pasajera
 por donde corre mi cauce sempiterno.

 ¿Y quieres más? ¿Qué quieres que te añada?
 Te aseguro, jamás escondo nada.
 Extiende el corazón ¿Ahora ves? Mi vida es esto.



 ESTA LÁGRIMA MÍA

 Este calor de lágrimas que viene
 desde algún lugar a mi mejilla;
 y este dolor sin horizonte, sin orilla
 que en el llanto, a solas, se revuelve.

 Como un solo ser intacto me devuelve
 con dureza, sin fruto y sin semilla,
 la oportuna y libre maravilla
 de estar bajo la lluvia que me envuelve.

 Y sin embargo, no es mala mi amargura.
 Decrece en soledad, es menos dura
 y llorar es lumbre que se asombra.

 El sollozo es sólo lágrima llorada
 de una extraña ternura inesperada.
 No lo creas. Mi llanto no perdona.




  LO QUE HE SIDO

 No se si será ternura que regresa
 renaciendo entre cenizas. Temerosa.
 O si es un viejo sentir que no reposa
 o un recuerdo que insiste, que no cesa.

 O si es el corazón que se confiesa
 de la verdad escondida y recelosa.
 Nunca llegó a la boca perezosa
 la palabra más temida y más aviesa.

 Debo haber vivido antes. Mis cenizas
 las siento todavía. Movedizas.
 No perturban mi ser. Sólo es tu ausencia.

 Y al igual que en el mar perdido
 retomo el cauce primitivo. Y lo que he sido.
 Pero estás. Y me duele tu presencia.

 

 Ariel David Busso

 Enero 2010 ©
 

 

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