Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA) - Tel 02477 429001  -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                            |    |    |    |
Actividades

Parroquia

Caritas

Colegio

Jardín de Infantes

Grupo Fútbol Padres

Imágenes

Noticias anteriores

Reflexiones

Homilías

Meditaciones

Relaciones

Nuestra Patrona

Nuestra Diócesis

Catequesis en la Red

El Credo

Los Mandamientos

Los Sacramentos

La Oración Cristiana

Los Santos

El Sermón de la Montaña

Tiempos Litúrgicos

Adviento y Navidad

Cuaresma

Pascua

Donaciones

Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilato Fue crucificado, muerto y sepultado



571. El Misterio pascual de la Cruz y de la Resurrección de Cristo está en el centro de la Buena Nueva que los apóstoles, y la Iglesia a continuación de ellos, deben anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de 'una vez por todas' por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo.
572. La Iglesia permanece fiel a 'la interpretación de todas las Escrituras' dada por Jesús mismo, tanto antes como después de su Pascua: '¿No era necesario que Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?' [Lc 24,26-27 .44-45.]. Los padecimientos de Jesús han tomado una forma histórica concreta por el hecho de haber sido 'reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas' [Mc 8,31 .], que lo 'entregaron a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle' [Mt 20,19 .].
573. Por lo tanto, la fe puede escrutar las circunstancias de la muerte de Jesús, que han sido transmitidas fielmente por los evangelios e iluminadas por otras fuentes históricas, a fin de comprender mejor el sentido de la Redención.

Jesús e Israel
574. Desde los comienzos del ministerio público de Jesús, fariseos y partidarios de Herodes, junto con sacerdotes y escribas, se pusieron de acuerdo para perderle. Por algunas de sus obras, Jesús apareció a algunos malintencionados sospechoso de posesión diabólica. Se le acusa de blasfemo y de falso profetismo, crímenes religiosos que la Ley castigaba con pena de muerte por lapidación.
575. Muchas de las obras y de las palabras de Jesús han sido, pues, un 'signo de contradicción' [Lc 2I34 .] para las autoridades religiosas de Jerusalén, aquéllas a las que el Evangelio de san Juan denomina con frecuencia 'los judíos', más incluso que a la generalidad del pueblo de Dios [cf. Jn 7,48-49 .]. Ciertamente, sus relaciones con los fariseos no fueron solamente polémicas. Fueron unos fariseos los que le previnieron del peligro que corría. Jesús alaba a alguno de ellos como al escriba de Mc 12,34 y come varias veces en casa de fariseos. Jesús confirma doctrinas sostenidas por esta élite religiosa del pueblo de Dios: la resurrección de los muertos, las formas de piedad [limosna, ayuno y oración] y la costumbre de dirigirse a Dios como Padre, carácter central del mandamiento del amor a Dios y al prójimo.
576. A los ojos de muchos en Israel, Jesús parece actuar contra las instituciones esenciales del Pueblo elegido:
- Contra la sumisión a la Ley en la integridad de sus prescripciones escritas, y, para los fariseos, según la interpretación de la tradición oral.
- Contra el carácter central del Templo de Jerusalén como lugar santo donde Dios habita de una manera privilegiada.
- Contra la fe en el Dios único, cuya gloria ningún hombre puede compartir.

I.- Jesús y la Ley
577. Al comienzo del Sermón de la Montaña, Jesús hace una advertencia solemne presentando la Ley dada por Dios en el Sinaí con ocasión de la Primera Alianza, a la luz de la gracia de la Nueva Alianza:
'No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una «i» o un ápice de la Ley sin que todo se haya cumplido. Por tanto, el que quebrante uno de estos mandamientos menores, y así lo enseñe a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; en cambio el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los cielos' [Mt 5,17-19 .].
578. Jesús, el Mesías de Israel, por lo tanto el más grande en el Reino de los cielos, se debía sujetar a la Ley cumpliéndola en su totalidad hasta en sus menores preceptos, según sus propias palabras. Incluso es el único en poderlo hacer perfectamente. Los judíos, según su propia confesión, jamás han podido cumplir la Ley en su totalidad, sin violar el menor de sus preceptos. Por eso, en cada fiesta anual de la Expiación, los hijos de Israel piden perdón a Dios por sus transgresiones de la Ley. En efecto, la Ley constituye un todo y, como recuerda Santiago, 'quien observa toda la Ley, pero falta en un solo precepto, se hace reo de todos' [St 2,10 .].
579. Este principio de integridad en la observancia de la Ley, no sólo en su letra sino también en su espíritu, era apreciado por los fariseos. Al subrayarlo para Israel, muchos judíos del tiempo de Jesús fueron conducidos a un celo religioso extremo, el cual, si no quería convertirse en una casuística 'hipócrita' no podía más que preparar al pueblo a esta intervención inaudita de Dios que será la ejecución perfecta de la Ley por el único Justo en lugar de todos los pecadores.
580. El cumplimiento perfecto de la Ley no podía ser sino obra del divino Legislador que nació sometido a la Ley en la persona del Hijo. En Jesús la Ley ya no aparece grabada en tablas de piedra sino 'en el fondo del corazón' [Jr 31,33 .] del Siervo, quien, por 'aportar fielmente el derecho' [Is 42,3 .], se ha convertido en 'la Alianza del pueblo' [Is 42,6 .]. Jesús cumplió la Ley hasta tomar sobre sí mismo 'la maldición de la Ley' [Ga 3,13 .] en la que habían incurrido los que no 'practican todos los preceptos de la Ley' [Ga 3,10 .], porque 'ha intervenido su muerte para remisión de las transgresiones de la Primera Alianza' [Hb 9,15 .]."
581. "Jesús fue considerado por los judíos y sus jefes espirituales como un 'rabbi'. Con frecuencia argumentó en el marco de la interpretación rabínica de la Ley. Pero al mismo tiempo, Jesús no podía menos que chocar con los doctores de la Ley porque no se contentaba con proponer su interpretación entre los suyos, sino que 'enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas' [Mt 7,28-29 .]. La misma Palabra de Dios, que resonó en el Sinaí para dar a Moisés la Ley escrita, es la que en El se hace oír de nuevo en el Monte de las Bienaventuranzas. Esa palabra no revoca la Ley sino que la perfecciona aportando de modo divino su interpretación definitiva: 'Habéis oído también que se dijo a los antepasados... pero yo os digo' [Mt 5,33-34 .]. Con esta misma autoridad divina, desaprueba ciertas 'tradiciones humanas' [Mc 7,8 .] de los fariseos que 'anulan la Palabra de Dios' [Mc 7,13 .].
582. Yendo más lejos, Jesús da plenitud a la Ley sobre la pureza de los alimentos, tan importante en la vida cotidiana judía, manifestando su sentido 'pedagógico' por medio de una interpretación divina: 'Todo lo que de fuera entra en el hombre no puede hacerle impuro... -así declaraba puros todos los alimentos-... Lo que sale del hombre, eso es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas' [Mc 7,18-21 .]. Jesús, al dar con autoridad divina la interpretación definitiva de la Ley, se vio enfrentado a algunos doctores de la Ley que no aceptaban su interpretación a pesar de estar garantizada por los signos divinos con que la acompañaba. Esto ocurre, en particular, respecto al problema del sábado: Jesús recuerda, frecuentemente con argumentos rabínicos, que el descanso del sábado no se quebranta por el servicio a Dios o al prójimo que realizan sus curaciones.

II.- Jesús y el templo
583. Como los profetas anteriores a El, Jesús profesó el más pro fundo respeto al Templo de Jerusalén. Fue presentado en él por José y María cuarenta días después de su nacimiento. A la edad de doce años, decidió quedarse en el Templo para recordar a sus padres que se debía a los asuntos de su Padre. Durante su vida oculta, subió allí todos los años al menos con ocasión de la Pascua; su ministerio público estuvo jalonado por sus peregrinaciones a Jerusalén con motivo de las grandes fiestas judías.
584. Jesús subió al Templo como al lugar privilegiado para el encuentro con Dios. El Templo era para El la casa de su Padre, una casa de oración, y se indigna porque el atrio exterior se haya convertido en un mercado. Si expulsa a los mercaderes del Templo es por celo hacia las cosas de su Padre: 'No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: «El celo por tu Casa me devorará» [Sal 69,10 .]' [Jn 2,16-17 .]. Después de su Resurrección, los apóstoles mantuvieron un respeto religioso hacia el Templo.
585. Jesús anunció, no obstante, en el umbral de su Pasión, la ruina de ese espléndido edificio del cual no quedará piedra sobre piedra. Hay aquí un anuncio de una señal de los últimos tiempos que se van a abrir con su propia Pascua. Pero esta profecía pudo ser deformada por falsos testigos en su interrogatorio en casa del sumo sacerdote y serle reprochada como injuriosa cuando estaba clavado en la cruz.
586. Lejos de haber sido hostil al Templo donde expuso lo esencial de su enseñanza, Jesús quiso pagar el impuesto del Templo asociándose con Pedro, a quien acababa de poner como fundamento de su futura Iglesia. Aún más, se identificó con el Templo presentándose como la morada definitiva de Dios entre los hombres. Por eso su muerte corporal anuncia la destrucción del Templo que señalará la entrada en una nueva edad de la historia de la salvación: 'Llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre' [Jn 4,21 .].

III.- Jesús y la fe de Israel en el Dos único y salvador
587. Si la Ley y el Templo pudieron ser ocasión de 'contradicción' entre Jesús y las autoridades religiosas de Israel, la razón está en que Jesús, para la redención de los pecados -obra divina por excelencia-, acepta ser verdadera piedra de escándalo para aquellas autoridades.
588. Jesús escandalizó a los fariseos comiendo con los publicanos y los pecadores tan familiarmente como con ellos mismos. Contra algunos de los 'que se tenían por justos y despreciaban a los demás' [Lc 18,9 .],367 Jesús afirmó: 'No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores' [Lc 5,32 .]. Fue más lejos todavía al proclamar frente a los fariseos que, siendo el pecado una realidad universal, los que pretenden no tener necesidad de salvación se ciegan con respecto a sí mismos.
589. Jesús escandalizó sobre todo porque identificó su conducta misericordiosa hacia los pecadores con la actitud de Dios mismo con respecto a ellos. Llegó incluso a dejar entender que compartiendo la mesa con los pecadores, los admitía al banquete mesiánico. Pero es especialmente al perdonar los pecados, cuando Jesús puso a las autoridades de Israel ante un dilema. Porque como ellas dicen, justamente asombradas, '¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?' [Mc 2,7 .]. Al perdonar los pecados, o bien Jesús blasfema porque es un hombre que pretende hacerse igual a Dios o bien dice verdad y su persona hace presente y revela el Nombre de Dios.
590. Sólo la identidad divina de la persona de Jesús puede justificar una exigencia tan absoluta como ésta: 'El que no está conmigo está contra mí' [Mt 12,30 .]; lo mismo cuando dice que él es 'más que Jonás... más que Salomón' [Mt 12,41-42 .], 'más que el Templo' [Mt 12,6 .]; cuando recuerda, refiriéndose a que David llama al Mesías su Señor, cuando afirma: 'Antes que naciese Abraham, Yo soy' [Jn 8,58 .]; e incluso: 'El Padre y yo somos una sola cosa' [Jn 10,30 .].
591. Jesús pidió a las autoridades religiosas de Jerusalén que creyeran en El en virtud de las obras de su Padre que realizaba. Pero tal acto de fe debía pasar por una misteriosa muerte a sí mismo para un nuevo 'nacimiento de lo alto' [Jn 3,7 .] atraído por la gracia divina. Tal exigencia de conversión frente a un cumplimiento tan sorprendente de las promesas permite comprender el trágico desprecio del Sanedrín al estimar que Jesús merecía la muerte como blasfemo. Sus miembros obraban así tanto por 'ignorancia' como por el 'endurecimiento' [Mc 3,5 ; Rm 11,25 .] de la 'incredulidad'.

RESUMEN
592. Jesús no abolió la Ley del Sinaí, sino que la perfeccionó de tal modo que reveló su hondo sentido y satisfizo por las transgresiones contra ella.
593. Jesús veneró el Templo subiendo a él en peregrinación en las fiestas judías y amó con gran celo esa morada de Dios entre los hombres. El Templo prefigura su Misterio. Anunciando la destrucción del Templo anuncia su propia muerte y la entrada en una nueva edad de la historia de la salvación, donde su cuerpo será el Templo definitivo.
594. Jesús realizó obras como el perdón de los pecados que lo revelaron como Dios Salvador. Algunos judíos, que no le reconocían como Dios hecho hombre, veían en El a 'un hombre que se hace Dios' [Jn 10,33 .], y lo juzgaron como un blasfemo.

I.- El proceso de Jesús
595. Entre las autoridades religiosas de Jerusalén, no solamente el fariseo Nicodemo o el notable José de Arimatea eran en secreto discípulos de Jesús, sino que durante mucho tiempo hubo disensiones a propósito de El hasta el punto de que en la misma víspera de su pasión, san Juan pudo decir de ellos que 'un buen número creyó en él', aunque de una manera muy imperfecta [Jn 12,42]. Eso no tiene nada de extraño si se considera que al día siguiente de Pentecostés 'multitud de sacerdotes iban aceptando la fe' [Hch 6, 7] y que 'algunos de la secta de los fariseos... habían abrazado la fe' [Hch 15, 5] hasta el punto de que Santiago puede decir a san Pablo que 'miles y miles de judíos han abrazado la fe, y todos son celosos partidarios de la Ley' [Hch 21,20].
596. Las autoridades religiosas de Jerusalén no fueron unánimes en la conducta a seguir respecto de Jesús. Los fariseos amenazaron de excomunión a los que le siguieran. A los que temían que 'todos creerían en él; y vendrían los romanos y destruirían nuestro Lugar Santo y nuestra nación', [Jn 11,48 .], el sumo sacerdote Caifás les propuso profetizando: 'Es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que perezca toda la nación' [Jn 11,49-50 .]. El Sanedrín declaró a Jesús 'reo de muerte' [Mt 26,66 .] como blasfemo, pero, habiendo perdido el derecho a condenar a muerte a nadie, entregó a Jesús a los romanos acusándole de revuelta política, lo que le pondrá en paralelo con Barrabás acusado de 'sedición'. Son también las amenazas políticas las que los sumos sacerdotes ejercen sobre Pilato para que éste condene a muerte a Jesús.
597. Teniendo en cuenta la complejidad histórica manifestada en las narraciones evangélicas sobre el proceso de Jesús y sea cual sea el pecado personal de los protagonistas del proceso [Judas, el Sanedrín, Pilato], lo cual sólo Dios conoce, no se puede atribuir la responsabilidad del proceso al conjunto de los judíos de Jerusalén, a pesar de los gritos de una muchedumbre manipulada y de las acusaciones colectivas contenidas en las exhortaciones a la conversión después de Pentecostés. El mismo Jesús perdonando en la Cruz y Pedro siguiendo su ejemplo apelan a 'la ignorancia' de los judíos de Jerusalén e incluso de sus jefes. Menos todavía se podría ampliar esta responsabilidad a los restantes judíos en el tiempo y en el espacio, apoyándose en el grito del pueblo: '¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!' [Mt 27,25 .], que equivale a una fórmula de ratificación:
Tanto es así que la Iglesia ha declarado en el Concilio Vaticano II: 'Lo que se perpetró en su pasión no puede ser imputado indistintamente a todos los judíos que vivían entonces ni a los judíos de hoy... No se ha de señalar a los judíos como reprobados por Dios y malditos como si tal cosa se dedujera de la Sagrada Escritura'. [NA 4.]
598. La Iglesia, en el magisterio de su fe y en el testimonio de sus santos, no ha olvidado jamás que 'los pecadores mismos fueron los autores y como los instrumentos de todas las penas que soportó el divino Redentor'. Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo, la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos, con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos:
Debemos considerar como culpables de esta horrible falta a los quecontinúan recayendo en sus pecados. Ya que son nuestras malas acciones las que han hecho sufrir a Nuestro Señor Jesucristo el suplicio de la cruz, sin ninguna duda los que se sumergen en los desórdenes y en el mal 'crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y le exponen a pública infamia' [Hb 6,6 .]. Y es necesario reconocer que nuestro crimen en este caso es mayor que el de los judíos. Porque según el testimonio del apóstol, 'de haberlo conocido ellos no habrían crucificado jamás al Señor de la Gloria'. Nosotros, en cambio, hacemos profesión de conocerle. Y cuando renegamos de El con nuestras acciones, ponemos de algún modo sobre El nuestras manos criminales. [Catecismo Romano]
Y los demonios no son los que le han crucificado; eres tú quien con ellos lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados. [San Francisco de Asís]

II.- La muerte redentora de Cristo en el designio divino de salvación
599. La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: 'Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios' [Hch 2,23 .]. Este lenguaje bíblico no significa que los que han 'entregado a Jesús' [Hch 3,13 .] fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios.
600. Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de 'predestinación' incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: 'Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel, de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías predestinado' [Hch 4,27-28 .]. Dios ha permitido los actos nacidos de su ceguera para realizar su designio de salvación.
601. Este designio divino de salvación a través de la muerte del 'Siervo, el Justo' [Is 53,11 .] había sido anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado. San Pablo profesa en una confesión de fe que dice haber recibido, que 'Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras' [1Co 15,3 .]. La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del Siervo doliente. Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente. Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús, luego a los propios apóstoles.
602. En consecuencia, san Pedro pudo formular así la fe apostólica en el designio divino de salvación: 'Habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos a causa de vosotros' [1Pe 1,18-20 .]. Los pecados de los hombres, consecuencia del pecado original, están sancionados con la muerte. Al enviar a su propio Hijo en la condición de esclavo, la de una humanidad caída y destinada a la muerte a causa del pecado, 'a quien no conoció pecado, Dios le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él' [2Co 5,21 .].
603. Jesús no conoció la reprobación como si él mismo hubiese pecado. Pero, en el amor redentor que le unía siempre al Padre, nos asumió desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: 'Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?' [Mc 15,34 ; Sal 22,2 .]. Al haberle hecho así solidario con nosotros, pecadores, 'Dios no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros' [Rm 8,32 .] para que fuéramos 'reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo' [Rm 5,10 .].
604. Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: 'En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados' [1Jn 4,10 .]. 'La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros' [Rm 5,8 .].
605. Jesús ha recordado al final de la parábola de la oveja perdida que este amor es sin excepción: 'De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños' [Mt 18,14 .]. Afirma 'dar su vida en rescate por muchos' [Mt 20,28 .]; este último término no es restrictivo: opone el conjunto de la humanidad a la única persona del Redentor que se entrega para salvarla. La Iglesia, siguiendo a los apóstoles, enseña que Cristo ha muerto por todos los hombres sin excepción: 'no hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo'.

III.- Cristo se ofreció a su Padre, por nuestros pecados
606. El Hijo de Dios 'bajado del cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre que le ha enviado' [Jn 6,38 .], 'al entrar en este mundo, dice: ... He aquí que vengo... para hacer, oh Dios, tu voluntad... En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo' [Hb 10,5-10 .]. Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: 'Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra' [Jn 4,34 .]. El sacrificio de Jesús 'por los pecados del mundo entero' [1Jn 2,2 .], es la expresión de su comunión de amor con el Padre: 'El Padre me ama porque doy mi vida' [Jn 10,17 .]. 'El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado' [Jn 14,31 .].
607. Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús porque su Pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación: '¡Padre líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!' [Jn 12,27 .]. 'El cáliz que me ha dado el Padre ¿no lo voy a beber?' [Jn 18,11 .]. Y todavía en la cruz, antes de que 'todo esté cumplido', dice: 'Tengo sed' [Jn 19,28 .].
608. Juan Bautista, después de haber aceptado bautizarle en compañía de los pecadores, vio y señaló a Jesús como el 'Cordero de Dios que quita los pecados del mundo' [Jn I,29 .]. Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero y carga con el pecado de las multitudes y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua. Toda la vida de Cristo expresa su misión: 'Servir y dar su vida en rescate por muchos' [Mc 10,45 .].
609. Jesús, al aceptar en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres, 'los amó hasta el extremo' [Jn 13,1 .] porque 'nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos' [Jn 15,13 .]. Tanto en el sufrimiento como en la muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvación de los hombres. En efecto, aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: 'Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente' [Jn 10,18 .]. De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando El mismo se encamina hacia la muerte.
610. Jesús expresó de forma suprema la ofrenda libre de sí mismo durante la cena con los doce Apóstoles, en 'la noche en que fue entregado' [1Co 11,23 .]. En la víspera de su Pasión, estando todavía libre, Jesús hizo de esta última Cena con sus apóstoles el memorial de su ofrenda voluntaria al Padre, por la salvación de los hombres: 'Este es mi Cuerpo que va a ser entregado por vosotros' [Lc 22,19 .]. 'Esta es mi sangre de la Alianza que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados' [Mt 26,28 .]."
611. "La Eucaristía que instituyó en este momento será el 'memorial' de su sacrificio. Jesús incluye a los apóstoles en su propia ofrenda y les manda perpetuarla. Así Jesús instituye a sus apóstoles sacerdotes de la Nueva Alianza: 'Por ellos me consagro a mí mismo para que ellos sean también consagrados en la verdad' [Jn 17,19 .].
612. El cáliz de la Nueva Alianza que Jesús anticipó en la Cena al ofrecerse a sí mismo, lo acepta a continuación de manos del Padre en su agonía de Getsemaní haciéndose 'obediente hasta la muerte' [Flp 2,8 .]. Jesús ora: 'Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz...' [Mt 26,39 .]. Expresa así el horror que representa la muerte para su naturaleza humana. Esta, en efecto, como la nuestra, está destinada a la vida eterna; además, a diferencia de la nuestra, está perfectamente exenta de pecado que es la causa de la muerte; pero sobre todo está asumida por la persona divina del 'Príncipe de la Vida' [Hch 3,15 .], de 'el que vive' [Ap 1,18 .]. Al aceptar en su voluntad humana que se haga la voluntad del Padre, acepta su muerte como redentora para 'llevar nuestras faltas en su cuerpo sobre el madero' [1Pe 2,24 .]."
613. "La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres por medio del 'cordero que quita el pecado del mundo' [Jn 1,29 .] y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios reconciliándole con El por 'la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados' [Mt 26,28 .].
614. Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios. Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos consigo. Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor, ofrece su vida a su Padre por medio del Espíritu Santo, para reparar nuestra desobediencia.
615. 'Como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos' [Rm 5,19 .]. Por su obediencia hasta la muerte, Jesús llevó a cabo la sustitución del Siervo doliente que 'se dio a sí mismo en expiación', 'cuando llevó el pecado de muchos', a quienes 'justificará y cuyas culpas soportará'. Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados.
616. El 'amor hasta el extremo' [Jn 13,1 .] es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo. Nos ha conocido y amado a todos en la ofrenda de su vida. 'El amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron' [2Co 5,14 .]. Ningún hombre aunque fuese el más santo estaba en condiciones de tomar sobre sí los pecados de todos los hombres y ofrecerse en sacrificio por todos. La existencia en Cristo de la persona divina del Hijo, que al mismo tiempo sobrepasa y abraza a todas las personas humanas, y que le constituye Cabeza de toda la humanidad, hace posible su sacrificio redentor por todos.
617. 'Sua sanctissima passione in ligno crucis nobis justificationem meruit' ['Por su sacratísima pasión en el madero de la cruz nos mereció la justificación'], enseña el Concilio de Trento subrayando el carácter único del sacrificio de Cristo como 'causa de salvación eterna' [Hb 5,9 .]. Y la Iglesia venera la Cruz cantando: 'O crux, ave, spes unica' ['Salve, oh cruz, única esperanza'].
618. La Cruz es el único sacrificio de Cristo 'único mediador entre Dios y los hombres' [1Tm 2,5 .]. Pero, porque en su Persona divina encarnada, 'se ha unido en cierto modo con todo hombre', El 'ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida, se asocien a este misterio pascual'. El llama a sus discípulos a 'tomar su cruz y a seguirle' porque El 'sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas'. El quiere, en efecto, asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios. Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor:
Fuera de la Cruz no hay otra escala por donde subir al cielo. [Santa Rosa de Lima]

RESUMEN
619. 'Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras'[1Co 15,3 .].
620. Nuestra salvación procede de la iniciativa del amor de Dios hacia nosotros porque 'El nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados' [1Jn 4,10 .]. 'En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo' [2Co 5,19 .].
621. Jesús se ofreció libremente por nuestra salvación. Este don lo significa y lo realiza por anticipado durante la última cena: 'Este es mi cuerpo que va a ser entregado por vosotros' [Lc 22,19 .].
622. La redención de Cristo consiste en que El 'ha venido a dar su vida como rescate por muchos' [Mt 20,28 .], es decir, 'a amar a los suyos hasta el extremo' [Jn 13,1 .] para que ellos fuesen 'rescatados de la conducta necia heredada de sus padres' [1Pe 1,18 .].
623. Por su obediencia amorosa a su Padre, 'hasta la muerte de cruz' [Flp 2,8 .], Jesús cumplió la misión expiatoria del Siervo doliente que 'justifica a muchos cargando con las culpas de ellos'[Is 53,11]
Párrafo 3 Jesucristo fue sepultado
624. 'Por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos' [Hb 2, 9]. En su designio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente 'muriese por nuestros pecados' [1Co 15, 3], sino también que 'gustase la muerte', es decir, que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que El expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba manifiesta el gran reposo sabático de Dios después de realizar la salvación de los hombres, que establece en la paz al universo entero."
625. "La permanencia de Cristo en el sepulcro constituye el vínculo real entre el estado pasible de Cristo antes de Pascua y su actual estado glorioso de resucitado. Es la misma persona de 'El que vive' que puede decir: 'estuve muerto, pe o ahora estoy vivo por los siglos de los siglos' [Ap 1,18 .]:
Dios [el Hijo] no impidió a la muerte separar el alma del cuerpo, según el orden necesario de la naturaleza, pero los reunió de nuevo, uno con otro, por medio de la Resurrección, a fin de ser El mismo en persona el punto de encuentro de la muerte v de la vida deteniendo en El la descomposición de la naturaleza que produce la muerte y resultando El mismo el principio de reunión de las partes separadas. [San Gregorio de Nisa]
626. Ya que el 'Príncipe de la vida que fue llevado a la muerte' es al mismo tiempo 'el Viviente que ha resucitado', era necesario que la persona divina del Hijo de Dios haya continuado asumiendo su alma y su cuerpo separados entre sí por la muerte:
Por el hecho de que en la muerte de Cristo el alma haya sido separada de la carne, la persona única no se encontró dividida en dos personas; porque el cuerpo y el alma de Cristo existieron por la misma razón desde el principio en la persona del Verbo; y en la muerte, aunque separados el uno de la otra, permanecieron cada cual con la misma y única persona del Verbo. [San Juan Damasceno]
627. La muerte de Cristo fue una verdadera muerte en cuanto que puso fin a su existencia humana terrena. Pero a causa de la unión que su cuerpo conservó con la persona del Hijo, no fue un despojo mortal como los demás porque 'la virtud divina preservó de la corrupción al cuerpo de Cristo'. De Cristo se puede decir a la vez: 'Fue arrancado de la tierra de los vivos' [Is 53,8 .]; y: 'mi carne reposará en la esperanza de que no abandonarás mi alma en el Infierno ni permitirás que tu santo experimente la corrupción' [Hch 2,26-27 .]. La Resurrección de Jesús 'al tercer día' [1Co 15,4 ; Lc 24,46 .] fue la prueba de ello porque se suponía que la corrupción se manifestaba a partir del cuarto día.
628. El Bautismo, cuyo signo original y pleno es la inmersión, significa eficazmente la bajada del cristiano al sepulcro muriendo al pecado con Cristo para una nueva vida: 'Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva' [Rm 6,4 .].

RESUMEN
629. Jesús gustó la muerte para bien de todos. Es verdaderamente el Hijo de Dios hecho hombre que murió y fue sepultado.
630. Durante el tiempo que Cristo permaneció en el sepulcro su Persona divina continuó asumiendo tanto su alma como su cuerpo, separados sin embargo entre sí por causa de la muerte. Por eso el cuerpo muerto de Cristo 'no conoció la corrupción'




 

 

Parroquia Santa Julia

  Alberdi 3065 - Pergamino  (BA) - República Argentina |Diócesis de San Nicolás de los Arroyos

Teléfono:  02477 429001 | email: informa@capsantajulia.com.ar