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Tiempo de Adviento

 

En el tiempo de Adviento, con el que se inicia el ciclo litúrgico de Navidad y con el cual comienza un nuevo año litúrgico, el pueblo de Dios que peregrina en el tiempo redescubre la tensión entre la primera venida histórica de Jesucristo y la segunda que acontecerá, de modo glorioso, al fin de los tiempos.

La espiritualidad del Adviento encamina a los cristianos a profundizar la perspectiva escatológica de la vida, a la vez que prepara a la Iglesia para conmemorar la venida histórica del Redentor, celebrada en cada Navidad. El primer aspecto señalado, con su carácter de fuerte llamada a vivir vigilantes y a prepararse siempre, se destaca más claramente en los primeros días del tiempo de Adviento, mientras que la consideración de los acontecimientos históricos que rodearon el nacimiento de Jesús quedar reservados para los últimos días, las llamadas <ferias fuertes> de Adviento.

El trasfondo de este tiempo es el de la esperanza y la alegría cristianas. Éstas se apoyan en la certeza de que <el que ha de venir> ya llega, y con él, el advenimiento del cielo nuevo y de la tierra nueva. Las dos expresiones más habituales de la esperanza escatológica cristiana son la petición <venga a nosotros tu Reino> del Padrenuestro, y la aclamación <Ven, Señor Jesús> inmediata a la consagración en la Plegaria eucarística.

El adviento comienza el domingo más próximo al 30 de noviembre, y se extiende durante cuatro semanas; la cuarta semana se interrumpe ante la celebración de la Navidad que tiene por fecha fija el 25 de diciembre.

El Adviento es un tiempo de conversión y preparación. Por ello las características de las celebraciones deben ser más sobrias que lo habitual; de ese modo quedarán resaltados los elementos festivos de la liturgia en el tiempo de Navidad, al cual el Adviento se encamina. En ese sentido deben tenerse en cuenta las siguientes disposiciones:

- El altar puede adornarse con flores y puede tocarse música instrumental, pero ambas cosas, con mayor moderación que durante el resto del año.

- En la celebración del matrimonio, dentro o fuera de la Misa, impártase siempre la bendición nupcial. Sin embargo, recomiéndese a los esposo que tengan en cuenta la naturaleza de este tiempo litúrgico.

- Hasta el 16 de diciembre inclusive no se permiten las Misas para diversas circunstancias, ni las votivas, ni las de difuntos llamadas "cotidianas", a no ser por una necesidad o utilidad pastoral. En cambio, están permitidas las Misas de las memorias que caen en esos mismos días.

- La Corona de Adviento es un signo muy popular de este tiempo sin ser litúrgico en sentido estricto, y no es obligatoria. Es costumbre que en esta corona se coloquen cuatro cirios. Debe procurarse que la corona esté colocada estéticamente pero en ningún caso puede resaltar más que el altar, el ambón o la sede. Las velas de la corona de Adviento pueden encenderse sucesivamente en cada uno de los cuatro domingos, ya sea al inicio de la Misa dominical después del saludo inicial del sacerdote, o bien, donde se celebren, antes de las Primeras Vísperas del Domingo. Durante la semana, tanto en la Misa como en Laudes y Vísperas, pueden estar encendidos los respectivos cirios iluminados los domingos anteriores.

 

Tiempo de Navidad

 

La Navidad no es simplemente una solemnidad sino un verdadero tiempo litúrgico que se detiene en la contemplación del "Dios con nosotros". La solemnidad inicial de la Navidad lleva a una consideración detenida del "niño que se nos ha dado" y la liturgia se destaca por la alegría y el regocijo que produce su presencia. La fiesta de la Epifanía completa la consideración de este Misterio que no queda reservado a los confines de Israel ni a los límites del mesianismo temporal de Jesús. Ese niño es "luz para alumbrar a las naciones" y es el Dios verdadero que los magos de Oriente adoran, y el Padre confirma con la unción espiritual en el Bautismo del río Jordán.

En el interior del tiempo navideño se distinguen diversas etapas que tienen variada intensidad festiva e incluso características propias.

El tiempo de Navidad comienza con las Vísperas de la solemnidad de la Natividad del Señor y se extiende hasta el domingo posterior a la solemnidad de Epifanía inclusive, domingo llamado <del Bautismo del Señor>.

La solemnidad de la Navidad se prolonga durante la Octava, es decir, abarca ocho días que, aun con características propias originadas en distintas circunstancias de la historia litúrgica, resuenan con fuerte intensidad y apuntan a conservar el espíritu de la gran fiesta navideña.

Los días posteriores a la Octava de Navidad ayudan a meditar en las consecuencias del Misterio de la Encarnación del Verbo y tienen un tono festivo menor, si bien deben distinguirse en el modo de celebrar, del Tiempo durante el año.

Al proyectar y celebrar los días de este tiempo festivo conviene tener presente que la solemnidad con que se puede celebrar las fiestas de Navidad no puede igualar la que corresponde a las fiestas del Triduo Pascual y a la Cincuentena posterior.

El día de Navidad puede bendecirse la imagen del Niño Jesús con el formulario propio que se halla en el Bendicional.

 

 

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