Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA) - Tel 02477 429001  -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                            |    |    |    |
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LA FELICIDAD: UNA MATERIA PENDIENTE



La historia universal, la historia de los hombres, vivió y vive un continuo cambio, antes y ahora; en todas las épocas. Pero hay algo que no ha cambiado hasta hoy, aunque si en el modo de buscarla más intensamente ahora- y es el encuentro de la felicidad.
Todos la prometen, algunos la pregonan, desde todas las religiones hasta las propagandas más absurdas. La búsqueda es continua y constante.

Después de la hambruna de los barrios obreros en la naciente sociedad industrial, el grito de “proletarios del mundo uníos” parecía solucionar la disgregación y la crisis. La confianza de la superioridad de una raza o de una ideología le pareció a algunos otra solución.
La segunda guerra mundial dejó al descubierto el vacío de toda esta prédica y muchos jóvenes se volcaron al vacío existencial. Todavía recordamos los libros de Sartre, de Albert Camus, las canciones de Juliette Greco.
En los años sesenta, el lema “no hagamos la guerra, hagamos el amor” se transformó en una forma de vida; los viajes a la India, a Katmandú, los pasajes a las religiones orientales y la llegada al Nirvana, fueron un común denominador que parecía equilibrar los horrores de la guerra de Vietnam.
Después, los pasajes por las vivencias de Sai Baba y otros predicadores privatizados hicieron ensayar un zapping espiritual a más de un buscador. Y esto hasta no hace mucho tiempo; algunos caminan por allí todavía.
Y así se podría seguir con una lista interminable y por todos conocida.

La cuestión es ésta: Si la felicidad existe ¿Dónde encontrarla?, ¿Cómo hacerlo?.

El problema de no saber dónde y no saber cómo, estimo que estriba en que la búsqueda suele hacerse “de noche y sin luz” por personas que estamos “solos y de a pie”. Se la suele buscar por un lugar donde no está.
Y hacemos como aquel que buscaba su llave extraviada en la calle, justo debajo del farol de luz. Pasó un amigo, y aquél le contó que había perdido su llave y que la estaba buscando. El amigo le preguntó:
-Pero, ¿la perdiste justo aquí.?
No- le respondió el hombre- pero es que en otro sitio no veo, por eso la busco aquí.
Y esa felicidad buscada es como el camaleón. Cambia de color, según la época, se adapta a las necesidades del corazón. Y esto es así: tiene transformaciones, metamorfosis, según las ideas, las modas, las influencias, la propaganda. Y además me gustaría encontrarla, no importa cómo y a qué precio, simplemente me gustaría encontrarla.
Pero una vez, llamé a la puerta de una ermita, donde vivía un santo ermitaño, y le pregunté, dónde estaba el país de la felicidad. El se quedó pensativo, y después me dijo que la felicidad no era una meta, sino un modo de caminar.
De allí me di cuenta que es feliz el que va ligero de equipaje, el que tiende la mano a los que encuentra en el camino, el que no se para a comer la fruta verde, el que no mancha el agua de la fuente que bebe, el que canta alegrando el oído de los que pasan, el que no se queja porque encontró algún desnivel en su andar.
Sobre todo, es feliz el que tiene la certeza de que al final de la jornada, no se encontrará con el oscuro silencio de la nada, el que sabe que le espera alguien, eterno e infinito, para estrecharlo, con amor, en su blando pecho.
Cuando uno ha viajado, sabe que no hay nada más triste, que llegar a un aeropuerto donde no hay nadie que venga a recibirlo.
No se puede ser feliz sin tener la certeza de que alguien nos espera al final del camino. Las esperanzas nos denuncian, dicen quién soy.
“Dime lo que esperas y te diré quien eres”.
Las personas se conocen por lo que esperan en la vida.


Quiero ser feliz, pero absolutamente aquí y ahora

En estos últimos tiempos, quizás más que nunca, muchos sueños están rotos. Se han acelerado los pulsos de muchas personas que hasta hoy estaban tranquilas. Y eso los acelera más aún: ¡El encuentro de la felicidad debe ser inmediato!.
Ser feliz, pero inmediatamente. Una especie de:
“llévelo ahora, pague mañana, pero llévelo ahora”.
No se puede estar en buenas migas con el fenómeno: “tiempo”, “futuro”, “espera”. El factor tiempo no está más que para ser eliminado o aniquilado. Es un enemigo. la felicidad debe ser “ya”.

Sin embargo, para transformarse en un ser feliz, es necesario hacerse amigo del tiempo. Y a los amigos se los acepta como son. En lo que concierne al tiempo, eso quiere decir que hay que aceptar que el “tiempo dura”. Y esto no sólo quiere decir concesión nuestra al tiempo, sino que el tiempo, en su permanencia, nos da a nosotros muchas ventajas.
Sólo el tiempo es el gran aliado de la felicidad buscada,
* Con el tiempo aprendes la sutil diferencia que hay entre tomar la mano de alguien y encadenar a una persona con esa mano;
* Con el tiempo aprendes que el amor no significa apoyase en alguien y que la compañía no siempre significa seguridad;
* Con el tiempo... empiezas a entender que los besos no son contratos, ni los regalos promesas;
* Con el tiempo aprendes que estar con alguien sólo porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado;
* Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos y te ayuda pacientemente a vencerlos, puede brindarte algo de la felicidad que deseas;
* Con el tiempo te das cuenta de que si estás con alguien sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla;
* Con el tiempo te das cuenta de que las personas valen mucho más que cualquier objeto;
* Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos, tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas;
* Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de enojo pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida;
* Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes ...
* Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible;
* Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado;
* Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes;
* Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen, ocasionará que al final no sean como esperabas;
* Con el tiempo te das cuenta que una mano tendida puede edificar un sueño;
* Con el tiempo, podrás recuperar los días perdidos;
* Con el tiempo y sólo con el tiempo, te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
* Con el tiempo te das cuenta de que el buen humor no es un lujo, sino una necesidad biológica.


La ilusión de Narciso

Todos recordamos la historia de Narciso. Se trata de un hermoso hombre que contemplaba un día su propia imagen en las aguas calmas de un estanque. Y tan hermoso se vio que terminó enamorado de su propia figura ignorando que era él mismo. Se tiró al agua para atraparlo y se ahogó.
Ninguna historia ilustra mejor cómo es equivocada la felicidad consistente en un culto a sí mismo.
Se trata del “amor posesivo” que consiste en llevar todo a su propio nido. Cuando se le pregunta cómo sabe que está enamorado de alguien, Narciso no duda en responder:
“porque me siento bien con él”.
No se le ocurren pensar siquiera que amar, es querer el bien del otro y que por lo tanto debería responder:
“porque quiero hacerlo sentir bien”.
La publicidad concurre también a la inflación del “yo”:
“su” dinero
“su” futuro
“su” seguridad
“su” libertad, para que pueda decir tranquilamente:
“mi dinero”
“mi futuro”
“mi seguridad”
“mi libertad”
En este contexto el “tu”, “él”, “ella” o el “nosotros” ha desaparecido.

La verdadera felicidad no es posesiva, es oblativa: surge de sí mismo para ir hacia los otros.
Como la felicidad es vida, se nutre como ella de cosas exteriores: oxígeno, luz, calor; todas cosas que se deben recibir. Así es la felicidad humana. No consiste en agarrar cosas para devorarlas, sino en recibir para dar. El que busca la felicidad amontonando afectividades como si fueran cosas, terminará ahogándose en su propia avaricia. Ser feliz no es tener el corazón “calentito” de afectividades coleccionadas.

Narciso colecciona, pero para su propia satisfacción. Y satisfacerse no es lo mismo que ser feliz. Un glotón, tocado por el vicio de la gula, se come todo lo que le apetece y le gusta, sin límites, hasta satisfacerse. Y cuando termina de saciarse, tiene otra necesidad: descansar porque el alimento que ingirió le impide moverse con agilidad. Y cuando se despierta, “saciado” de descanso, necesitará “saciarse” otra vez con una nueva ingesta, y así....
Pero ¿es feliz?.
El Narciso de la gula, como el de cualquier otro vicio, no podrá nunca ser feliz. Podrá ser un satisfecho, pero nunca un hombre feliz.
La felicidad es el reposo en el bien querido. Así, alguien es feliz cuando ha alcanzado un bien. Pero ¡un bien! ¡Ni más, ni menos! ¡Un bien!.
¡Y después dices que no eres feliz! ¡Pero si sólo has buscado estar satisfecho!. Me dices también que eres libre, que tu vida es tuya, pero ¿cómo puede ser tuya, si tus pasiones te llevan de aquí a allá, como a una hoja muerta?.
No te olvides de Narciso, no seas como él. La satisfacción te pisa los talones; la felicidad camina adelante.


La felicidad de Robinson Crusoe

¡Nadie más infeliz que Robinson Crusoe en su isla!. A pesar de defenderse para sobrevivir, fue el más infeliz de todos los personajes de novela. Y gracias a Dios que era de novela y que no existió en la realidad, porque nadie puede ser feliz solo.
“El infierno son los otros”, decía Jean Paul Sartre.
¿Sí?. ¿Son los otros?. ¿Cuáles otros?, le preguntamos desde aquí.
¿Quién podría vivir sin “el otro”?. Se puede vivir sin “algunos otros”, pero moriríamos si no estuviera “el otro”.
Lo que sucede es que somos infelices porque no sabemos convivir y cuándo alguien no piensa como nosotros, en ese momento, nos parece que es un enemigo. Pero, permíteme este consejo:
Con tus enemigos no tengas piedad.
Aplástales sin compasión. ¿Sabes lo que tienes que hacer?:
Destrúyelos, conviértelos en amigos entrañables mostrándoles todo el amor con que eres capaz.
Aprende a convivir. Ser infeliz por una enfermedad por una muerte es comprensible; pero ser infeliz por la manera de ser de otro ¡hay que ser necio!.
Ama lo bueno que tiene cada uno; no tengas en cuenta sus defectos; en tu interior justifica sus olvidos.
La próxima temporada, cuando estés en el campo y veas los patos emigrar dirigiéndose hacia un lugar mas cálido para pasar el invierno, fíjate que vuelan en forma de V.
Tal vez, te interese saber el por qué lo hacen en esa forma. lo hacen porque, al batir sus alas, cada pájaro produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en V, la bandada de patos, aumenta por lo menos un 70 % más su poder de vuelo, en comparación con un pájaro que vuela solo.
Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de que se necesitan unos a otros, pueden llegar a cumplir sus objetivos más fácil y rápidamente porque, apoyándonos mutuamente, los logros son mejores.
Cada vez que un pato sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente vuelve a la formación para beneficiarse del compañero que va adelante.
Si nos unimos y nos mantenemos juntos a aquellos que van en nuestra misma dirección, el esfuerzo será menor. Será más sencillo y más placentero alcanzar las metas fijadas.
Cuando el líder de los patos se cansa, se pasa a uno de los lugares de atrás y otro pato toma su lugar.
Las personas podemos evitar ser infelices, si nos apoyamos en los momentos duros, si nos respetamos mutuamente en todo momento, compartiendo los problemas y los trabajos más difíciles.
Los patos que van atrás suelen gritar para alentar a los que van adelante a mantener la velocidad.
Una palabra de aliento dicha a tiempo ayuda, da fuerza, motiva, produce el mejor de los beneficios.
Finalmente cuando un pato se enferma o cae herido por un disparo, otros dos patos salen de la formación y lo siguen para apoyarlo y protegerlo.
Si nos mantenemos uno al lado del otro, apoyándonos y acompañándonos; si hacemos realidad el espíritu de solidaridad humana; si pese a las diferencias podemos conformar un grupo humano para afrontar todo tipo de situaciones; si entendemos el verdadero valor de la amistad; si somos consientes del sentimiento de compartir, la vida será más simple y el vuelo de los años más placentero.
Creo firmemente que el infierno no son los otros, sino nuestro propio interior cuando no están en orden.
La gran fuente de la infelicidad es nuestro propio desorden. ¿Quién puede sentirse cómodo en una casa sucia, con la cocina llena de platos sin lavar, con dormitorios con ropas tiradas y las camas continuamente sin hacer y los baños sucios, después de haber probado el gusto de la pulcritud?. Hay personas que viven dentro de un ambiente así y llevan la falta de pulcritud como un hábito, sin darse cuenta, hasta que descubren el valor del detergente, del jabón, y hasta del aroma de una colonia.
Pero empecemos de una vez. Con cosas simples: la caballerosidad y la cortesía –aunque no lo creas- hacen a la felicidad.
Muchas veces, como en un soliloquio me digo a mí mismo:
No te desacomodes,
No grites,
No gesticules demasiado,
No bosteces ruidosamente,
Come, pero no devores,
Bebe, pero no abreves.
Es desagradable toda manifestación, en donde aparece el triunfo de lo animal sobre lo racional.
Hay que ser caballeros, pero sin que se nos vea el caballo.
Me gustaría hacer la vida amable a todos. Para ello debo evitar
Palabras ásperas
Gestos despectivos
Expresiones desagradables.
Me encantaría ser dulce como la miel, aunque no siempre lo consigo. Y de verdad lo siento.

Ser correctos, no es una regla social: es la forma auténtica, lozana, natural, de manifestarse.
Somos felices cuando somos amables. Amable quiere decir “que uno es digno de amor”, “que se lo puede amar”. ¿Y quién puede negar que no es feliz alguien que se siente amado?.
Pero el espíritu de transferencia de culpas es terrible. Una parte de nuestra infelicidad se debe a que no sabemos convivir. En lugar de ayudarnos en el peregrinaje por la vida, como los patos, tenemos mentalidad de Robinson Crusoe, de personaje de novela, con un “yo” hipertrofiado, contrariamente al misterio de la Visitación, de la Virgen a Santa Isabel. Esta escena constituye un hermoso ejemplo de ayuda, donde la felicidad del encuentro se traduce hasta en el niño que yace en el seno de la prima, que salta de alegría ante semejante presencia.

No. El infierno no son los otros. Ese infierno es nuestro propio desorden.


La estrella de la suerte

Un viejo refrán dice que “algunos nacen con estrella y otros nacen estrellados”. ¿Será cierta semejante predestinación?. ¿No será más bien que “algunos se iluminan con la estrella y otros se estrellan cuando la encuentran?.
En las viejas anécdotas de Romano Guareschi, Don Camilo era simple párroco de campaña de la brava Emilia-Romagna. El alcalde, Pepone, era el tradicional adversario de Don Camilo. Si bien conservaban ambos el mismo carácter fuerte, los dos querían ganar la pulseada de gobernar al pueblo. Párroco y alcalde, siempre tienen encontronazos, y a veces bastonazos. En una de esas luchas pueblerinas, Don Camilo, desalentado al ver la tozudez de sus feligreses, que a veces escuchaban a Pepone, se dirige al Cristo del altar mayor de su parroquia, reprochándole el estado de las cosas.
- Señor- le dice mirándole fijamente- en el mundo hay muchas cosas que no funcionan.
Y el Cristo del altar, le responde, con voz calma y segura:
- Don Camilo, para mí las cosas del mundo funcionan admirablemente ¡sólo el hombre es el que no funciona!.

Y sí. La suerte no hace nada, si el hombre no se arregla.
Se cuenta que un científico vivía preocupado con los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrar los medios para disminuirlos. Pasaba los días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. El exterior no existía para él, sólo recorría su laboratorio.
Cierto día, su hijo de pocos años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico nervioso por la interrupción del recién llegado, intentó hacer que el hijo fuese a jugar en otro sitio. Viendo que sería imposible sacarlo de allí, el padre procuró algo que pudiese ser ofrecido al hijo con el objetivo de distraer su atención, para que su trabajo no sufriera distracción.
De repente tomó un mapa del mundo de una revista, y con una tijera, recortó el mapa en varios pedazos y, junto con un rollo de cinta adhesiva, entregó a su hijo diciendo:
- ¿Te gustan los rompecabezas? . Entonces voy a darte el mundo para arreglar. Aquí esta el mundo todo roto. ¡Mira si puedes arreglarlo bien! . Hazlo todo solo, sin ayudas.
Calculó que al niño le llevaría algunos días para recomponer el mapa. Pero algunas horas, después, oyó la voz del hijo que le llamaba:
- Papá, papá, ya lo hice todo. ¡Conseguí terminar todo!
Al principio el padre no dio crédito a las palabras del chico.
Sería imposible en su edad haber conseguido recomponer un mapa que jamás había visto. Entonces, el científico levantó los ojos de sus anotaciones, seguro de que vería un trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en el sitio correcto.
¿Cómo sería posible? ¿Cómo el niño había sido capaz? – se preguntaba el papá.
- Tu no sabias como era el mundo, hijo mío, cómo lo conseguiste?
- Papá, yo no sabía como era el mundo, pero cuando tú sacaste el papel de la revista para recortar, yo vi que del otro lado estaba la figura de un hombre.
- Cuando tú me diste el mundo para arreglar, lo intenté, pero no lo conseguí. Fue entonces que me acordé del hombre, di la vuelta a los recortes y empecé a arreglar el hombre por que yo sabía como era un hombre.
Y cuando conseguí arreglar al hombre, di la vuelta la hoja y encontré que había arreglado el mundo.

Para alguien ordenado en su interior, la felicidad no es cuestión de suerte. Sería terrible pensar que Dios regala sus mejores parcelas a los que le son más simpáticos. Eso es lo que quizás haríamos nosotros, a semejanza de Miguel Angel que pintaba en el infierno a los que lo habían herido alguna vez.
Si el hombre, individualmente se arregla, se arregla toda una sociedad. Si hay un solo hombre que es o que ha sido feliz en su vida, entonces es que todos y cada uno pueden ser feliz en el mundo.

No culpes a la suerte, lo que no has sabido hacer con el tiempo que Dios te dio;
No culpes al destino si no has aprovechado tu imaginación.
Le das la culpa al destino de tus propios errores. ¿Qué culpa tiene el destino que en lugar de aprender música te dedicaste a comprar instrumentos musicales, te llenaste de violines, pianos y violonchelos, y ahora no sabes ni el sonido de una nota?.
Hubieras aprendido primero las notas, hubieras afinado tu oído y tus manos, al ritmo, a la armonía, a la melodía. Y recién al final hubieras encaminado tus pasos a una casa de música, a comprar tu violín o tu piano o tu violonchelo.
Aunque tengas muchos violines en tu casa, no por eso serás músico, ni podrás disfrutar de la armonía; aunque tengas muchos libros en tu biblioteca, no por eso serás más sabio. Pero no culpes a tu suerte de no ser más sabio, si tienes a los libros sin leer.
Eres como aquellos que les hubiera gustado sacar la lotería pero sin comprar el billete.

La felicidad, nada tiene que ver con la suerte; pon en orden lo que tienes, no necesitas más. Así es: no necesitas más.
Recuerdo a un peregrino que conocí. Emprendió su camino con una manta en el hombro, para abrigarse por las noches, y con un jarro de hojalata para tomar agua. No llevaba nada más. Al cabo de unos pocos días, tiró el jarro. Se dio cuenta de que podía saciar su sed en los manantiales bebiendo con la mano.
¿Tienes las manos?. ¿Tienes tu manta?. ¿Y dices que no tienes suerte?.
La felicidad no es cuestión de suerte, sino de saber vivir.


Y de regreso al principio

Una gimnasia. La felicidad incluye gimnasia espiritual, lo mismo que tantos otros elementos. No viene envuelta en papel celofán, con un moño rojo y en estuche de lujo. Algunos salieron a comprarla así, y sólo consiguieron estar satisfechos. La quisieron así:
una felicidad hecha, para tenerla sin ningún esfuerzo;
una felicidad, aquí y ahora, sin tener que esforzarse en la esperanza.
una felicidad que no venga mañana, sino tenerla ahora.

Y sin embargo...la felicidad requiere su tiempo.

Había una vez una isla, en la que vivian todos los sentimientos y valores del hombre:
el Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría... Como también todos los demás, incluso el Amor.
Un día se les anunció a todos los sentimientos que la isla estaba por hundirse, que sobrevendría una catástrofe.
Entonces todos prepararon sus pertenencias, sus barcos y partieron. Unicamente el Amor quedó esperando solo, hasta el último momento.
Recién cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor que había ayudado a los otros, decidió pedir ayuda.
La Riqueza pasó cerca del Amor en una barca lujosísima y el Amor le dijo:
- “Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?”
"No puedo -respondió la Riqueza- porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti."
Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnífica barca,
-“Orgullo te ruego, ¿puedes llevarme contigo?”
"No puedo llevarte, Amor..." -respondió el Orgullo- “aqui todo es perfecto, podrías arruinar mi barca”.
Entonces el Amor le dijo a la Tristeza que se estaba acercando:
-"Tristeza te lo pido, déjame ir contigo."
"Oh Amor" respondió la Tristeza, “estoy tan deprimida que necesito estar sola”.
Luego el Buen Humor pasó frente al Amor; pero estaba tan contento que no escuchó que lo estaban llamando.
De repente una voz dijo:
-"Ven Amor, te llevo conmigo“
Era un viejo el que lo había llamado.
El Amor se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre al viejo.
Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue.
El Amor se dió cuenta de cuánto le debía y le preguntó al Saber:
-“Saber, ¿puedes decirme cómo se llama el que me ayudó?”
“Ha sido el Tiempo” respondió el Saber.
-“¿El Tiempo?" -se preguntó el Amor-
“¿Por qué será que el Tiempo me ha ayudado?”.
El Saber lleno de sabiduría respondió:
"Porque solo el Tiempo es capaz de comprender lo importante que es el Amor en la vida".

Estamos ya en los umbrales de la Semana Santa. Es el tiempo que lleva el Amor de un Cristo que parece lento para traer la felicidad al hombre y a la mujer de hoy. Pero ese Cristo, es el único capaz de hacer que corazón pequeño de cada uno de nosotros se haga feliz por la esperanza, porque
Si tu corazón te condena.
Dios es más grande que tu corazón.


 

 

Parroquia Santa Julia

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