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ELOGIO DE LA TERNURA



Solamente la ternura revela el corazón de la caridad y lo realiza.



Heinrich Böll, católico, muerto en 1985, fue premio Nobel de literatura en 1972. Una vez dirigió un escrito a un interlocutor ideal que sentía dificultades frente a la fe católica, dificultades que luego irían creciendo también en el propio autor hasta convertirse en tormento y rebelión. El título de aquella pequeña obra era: “Carta a un joven católico”. En ella, Böll acusaba a “los mensajeros del cristianismo de todo origen” de carecer precisamente de ternura.
Este es un tema serio, no siempre entendible. Es cierto que algunos sabios santos la cultivaron y demostraron su sensibilidad “tierna” y “delicada” como San Agustín, San Bernardo, San Francisco de Sales. La Sagrada Escritura está plagada de muestras de amor de Dios como amor paterno, materno y nupcial.
Creo también que existe una caricatura de la ternura que es aquella donde el amor se transforma en meloso.
El cristiano se encuentra entre dos extremos, como siempre requiere la virtud: por un lado el frío de la aspereza, de la dureza, de la serenidad implacable, de la indiferencia y, por otro, el tinte sentimental, la afectación, la sensiblería, el empalago.
La ternura auténtica es muy distinta. Es, como diría François Mauriac, “una semilla de amor”.

¿HABLAR DE TERNURA?

El sustantivo “ternura” viene del latín teneritia. Evoca la idea de algo “blando”, de algo que no tiene dureza, que le falta rigidez.
El adjetivo “tierno”, viene de tenerum, de tendere que es extenderse, proyectarse.
La ternura remite a un afecto interior que se experimenta compartiéndola. Tierno, en cambio, implica una actitud que orienta para salir del yo, en una entrega de generosa reciprocidad.
Aquí nomás hay dos obstáculos que son capaces de impedir la ternura (por la sóla etimología):
- la dureza de corazón, entendida como barrera, como muro, como rigidez;
- el repliegue sobre sí mismo; el egoísmo, la negativa del intercambio y del diálogo.

¿Qué es la ternura?.
La ternura es fuerza que brota de un corazón maduro, libre, capaz de ofrecer y de recibir amor. Por eso, la ternura, se relaciona con dos exigencias fundamentales y permanentes, inscritas en el corazón humano:
El deseo de amar y
La conciencia de ser amado.
Por eso abarca todas las esferas humanas, desde la biológica a la psicológica y espiritual, hasta llegar también a su vocación trascendente.
De todos los sentimientos que puede ser capaz el hombre, es la ternura la más humana y la más humanizadora. De hecho, ninguno puede llamarse adulto si no se esfuerza por adquirir este sentimiento que lo hace “afectuoso”, “respetuoso”, “comunicativo”.

La ternura no es un sentimiento marginal del hombre. Al contrario su ausencia es sinónimo de naturaleza incompleta o enferma. Dejar que se nos escape la ternura es dejar que se nos escape la vida misma. El mayor de los riesgos de la vida de alguien consiste en vivir sin ternura.

LA TERNURA DE JESÚS

Los actos de Cristo no son sólo buenos ejemplos. Cuidémonos de hacer del Evangelio un libro de buenas costumbres. Los actos de Cristo son la encarnación de la ternura del Padre.
Cristo tuvo gestos de su ternura. La suya era una ternura de compasión (com-pasión), de participación profunda de la vivencia de sus interlocutores. Se ve esta actitud en:
- Frente a los ciegos de Jericó (Mt. 20,34)
- Ante la súplica de un leproso (Mc. 1,41)
- Al ver las lágrimas de la viuda de Naím (Lc. 7,13)
- Al ver la gente que lo seguía (Mt. 9,36)
- Ante la gente que no tenía que comer, en la multiplicación de los panes (Mt. 15,32).
Pero además:
- Recibe a publicanos y pecadores
- Cura a enfermos y endemoniados
- Valora y respeta a la mujer
- Recibe a niños y pequeños
- Perdona a enemigos y malhechores.

Tiene:
- Ternura orante (Reza en el momento del bautismo, de la predicación, antes de elegir a los Doce, en la Transfiguración, cuando enseña el Padre Nuestro, en Gethsemaní).
- Ternura gozosa
o “El Padre está contigo” (Jn. 16,32)
- Ternura manifestativa
o No sólo la vive, sino que la demuestra (El buen ladrón).
- Ternura de solidaridad y amistad (Lázaro, Betania)
- Ternura de oblación y de servicio (Caná, la Cruz).

En el Evangelio, hay tres imágenes muy claras de esa ternura:
1.- “Un samaritano lo vio y tuvo compasión de él” (Lc. 10,30-37)
2.- “Lo vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su ello y le besó efusivamente” (Lc. 15,11-32)
3.- “El publicano se golpeaba al pecho” (Lc. 18,9-14).

Ternura es encontrar a Jesucristo, dejar que su Palabra me inflame, vivir el encuentro silenciosos con El y ser testigos suyos a esa ternura hallada.

LA TERNURA ES FUERZA DEL AMOR HUMILDE

Había una vez una rana que se preguntaba cómo podía alejarse del clima frío del invierno. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabía volar. -"Déjenmelo a mí -dijo la rana-. Tengo un cerebro espléndido".
Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo por sus respectivos picos. La rana pensaba agarrarse a la caña por la boca.
A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Iban bien, pero al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo. Alguien preguntó:
- "¿A quién se le habría ocurrido tan brillante idea?"
Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó:
- "¡A MI!" .
Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca, se soltó de la caña, cayó al vacío, y murió.

El orgullo desplaza a toda ternura posible.
En “Los hermanos Karamazov”, Dostoyevski, pone en boca del monje Zósimo:
“Hermanos, no teman los pecados de los hombres, ámenlos también en el pecado, nuestra semejanza del amor divino es la cumbre del amor en la tierra. Amen a todas la criaturas de Dios en su conjunto y en cada uno de los granos de la arena. Amen cada hoja del árbol, cada rayo de la luz de Dios. Amen a los animales. Y a las plantas. Amen a todas las cosas. Si amas cada cosa, conocerás en ellas el secreto de Dios. Y una vez conocidos comenzarás a aumentar tus conocimientos, y así cada día. Acabarás por amar a todo el mundo con amor universal... Amen particularmente a los niños, porque son inocentes como los ángeles... Decide siempre: “los ganaré por el amor humilde”. Y cuando lo hayas decidido así una vez para siempre, estarás en condiciones de ganar el mundo entero. La humildad amorosa es una fuerza terrible, la más fuerte de todas, no hay nada que se le parezca”.

La fuerza del amor humilde es la ternura. Lo contrario es la brutalidad de la fuerza. Y no es necesario usar la violencia física para ésta brutalidad. Las palabras, a veces, matan más que el arma más sofisticada y asesina.

LA TERNURA FAMILIAR

El desarrollo de la ternura guarda relación con la madurez de la persona. Y el crecimiento de la vida en relación está en proporción directa con el crecimiento de la ternura.
El niño necesita vitalmente de las caricias de la madre, lo mismo que necesita su leche y el alimento para vivir. Y cuando crece necesitan de la ternura de la atención, como necesitan de una escuela para aprender.
El Ángel de los niños
Cuenta una antigua leyenda que un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios:
—Me dicen que me vas a enviar mañana a la Tierra; pero ¿Cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?.
—Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te está esperando: él te cuidará.
—Pero dime: aquí en el cielo, no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
—Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
—Y ¿Cómo entender que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?.
—Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
—Y, ... ¿Qué haré cuando quiera hablar contigo?.
—Tu ángel te juntará las manitos y te enseñará a orar.
—He oído que en la Tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?.
—Tu ángel te defenderá aún a costa de su propia vida.
—Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
—Tu ángel te hablará de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque Yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso, repetía suavemente:
—Dios mío, si ya me voy dime su nombre. ¿Cómo se llama mi ángel?.
—Su nombre no importa, tú le dirás: Mamá.


Pero tal vez, por negligencia personal, existe otra realidad.
Escuchemos la sorprendente oración de un niño:
“Señor; No quiero pedirte nada especial ni inalcanzable, como ocurre con otros niños que se dirigen a Ti cada noche.
Tú eres bueno y proteges a todos los niños de la tierra, hoy quiero pedirte un gran favor, sin que se enteren mis padres.
Transfórmame en un televisor, para que mis padres me cuiden como cuidan al televisor, para que me miren con el mismo interés con que mi madre mira sus telenovelas preferidas, o mi padre su programa deportivo. Quiero hablar como ciertos animadores que cuando lo hacen, toda mi familia se calla para escucharlos con atención y sin interrumpirlos.
Quiero ver a mi madre suspirar frente a mí como lo hace cuando ve un desfile de modas; o poder hacer reír a mi padre como lo hacen ciertos programas humorísticos, o simplemente que me crean cuando les cuento mis fantasías sin necesidad de decir: “¡Es cierto!, Yo lo escuché en la tele”.
Quiero representar al televisor para ser el rey de la casa, el centro de atención que ocupa el mejor lugar para que todas las miradas se dirijan a mí. Quiero sentir sobre mí la preocupación que experimentan mis padres cuando el televisor comienza a fallar y rápidamente llaman al técnico.
Quiero ser el televisor para ser el mejor amigo de mis padres, el héroe favorito, el que más influye en sus vidas, el que les recuerde que soy su hijo, y el que ojalá les mostrara más paz que la violencia.
Señor, por favor déjame ser televisor, aunque sea sólo por un día”.

Y no basta que los padres hablen de la ternura; el asunto está en que la vivan transmitiéndola por ósmosis, como el aire que se respira o el lenguaje que se aprende.

Carta enviada por el P. Ricardo Ferreira Achával a su madre, días antes que ésta falleciera.
Taiwan, 13 de septiembre de 1965.
“Mi siempre linda mamá:
Ya va saliendo el sol. La noche queda atrás; es preciosa la aurora; a la luz de la fé, las cosas se ven más claras, el corazón se fortalece y la sonrisa se ensancha.
¡Oh, Doña, piense en Dios que lo demás no importa. Ámelo y alégrese con El y por El y de paso también un poquito por usted misma, porque usted es de Dios!.
Doña brava! Ya va llegando!. Ya se van abriendo ante sus ojos los infinitos horizontes del mundo de Dios. ¡Que vista!. ¡Que grandeza”. ¡Que paz!. ¡Que lindo!; ya no habrá mas tierra. Solo cielo!. Solo Dios!. Supo ser fiel!. Dentro de poquito viene el premio y Dios da a lo Dios!.
Regale Doña sus flores, suelte los canarios, deje sus chucherías, adórnese el jopo, póngase buena moza, mire el crucifijo, hágale una guiñada de ojos y con la mejor de sus sonrisas; extendiéndole los brazos con el último de sus simpáticos regalos; su dolor; dígale que venga a buscarla cuando guste, que Ud. ya está preparada, que lo espera, y hasta puede usar la frase tan llena de amor y de fe que nuestros hermanos mayores del primitivo Cristianismo tenían tan frecuentemente en sus labios: “Ven Señor Jesús”.
Con qué cariño El la vendrá a buscar llamándola por su nombre: “Vamos Carmen, vamos ya, vamos al cielo”.
No es sueño; es realidad, fin de toda la creación!.
Que no se le ocurra querer verme por última vez. Eso no se lo permito. Yo quiero verla muchas veces más!. Y se que Ud. también. No dude un segundo. La esperanza nos asegura que lo haremos, que nos veremos muchas veces más, que conversaremos largo y seguiremos juntos el resto del camino con toda la eternidad por delante. Sí, Doña, lo haremos. Por ahora Ud. camine unos pasos más y espéreme en esa curva; dentro de unos minutos espero yo también llegar. Entonces ya no nos separaremos más. Son solo unos minutitos mamita que quiero aprovechar, para enseñar a otros el camino. Ellos andan todavía en tinieblas. Aún no tienen la felicidad de haber visto la luz del sol. A esta demorita que le pido, ellos se la agradecerán eternamente. “Me conviene estar en las cosas de mi Padre”, le dijo un día un gran Hijo a su linda madre... ¡Oh Doña, levantándose dos palmos se ve por sobre el polvo de lo terreno y se ve siempre lo mismo, la única y grande realidad; Dios!. Dios grande y bueno!. “Padre nuestro que estás en los cielos”!.
Dele un beso al crucifijo. El la quiere!. Dígale muchas veces que Ud. también!. En mi misa de cada día le hablo al Señor de Ud.
Hasta lueguito, mamita. Que Dios la bendiga, un beso grande,
Tano”.

“Mi querido Tano:
Si vivo te volveré a escribir. Si muero este será mi adiós de despedida. Yo no pregunto ya nunca dónde estás. Yo te veo, te veo siempre con los hombros cargados de mies madura y la cabeza coronada de dorados y rientes racimos.
Y yo espero verte. Verte eternamente más brillante que el sol de mediodía y seguirte con el canto feliz que toda madre participa por la gloria de haber dado a Dios un hijo a su servicio.
En las alegrías eternas.
La mamá”.

La ternura es un sentimiento que se comunica en la medida en que se encarna. No se enseña, se atestigua. Por eso es elemental que vigilemos con qué alimentamos el alma.

Un viejo indio norteamericano cierta vez describió sus conflictos internos de la siguiente manera:
“Dentro de mí hay dos cachorros. Uno de ellos es cruel y malo y el otro es muy pero muy bueno. Los dos están siempre peleando”.
Cuando le preguntaron cuál cachorro ganaba la pelea, el anciano reflexionó y respondió: “Aquel al que alimento con más frecuencia”.

La única manera de “tener ternura” es “ser ternura”.


LA TERNURA ES ENCUENTRO

Cuenta Anthony de Mello que “Un discípulo rezaba incesantemente. El maestro le dijo:
-¿Cuándo dejarás de apoyarte en Dios y te sostendrás sobre tus propias piernas?.
El discípulo se quedó desconcertado.
-¿Pero, cómo?. Si has sido tú, precisamente, el que nos ha enseñado a mirar a Dios como a un Padre?.
Y el maestro contestó:
-¿Y cuándo aprenderás que un padre no es alguien en quien apoyarse, sino alguien que se libera de la tendencia de apoyarte”.

La palabra “encuentro”, viene del latín “in contra”, indica un movimiento “hacia”. Es una cita con alguien, con voluntad de acercarse y promoverlo.

Hay una imagen que representa muy bien nuestro comportamiento mientras caminamos con el otro:
Los hombres caminan por la tierra hacia un mismo destino, todos en fila india, cada uno cargando un bolso adelante y otro en la espalda.
En el bolso de adelante colocamos nuestras cualidades. En el bolso de atrás guardamos todos nuestros defectos.
Por eso, mientras caminamos por la vida, mantenemos los ojos fijos en las virtudes que poseemos, sujetas a nuestro pecho. Pero al mismo tiempo, sin ninguna piedad observamos en las espaldas del compañero que va adelante todos los defectos que posee.
Y nos juzgamos mejores que él sin darnos cuenta que la persona que camina atrás está pensando la misma cosa de nosotros.

La primera acción del encuentro, que lleva a la ternura, es el rostro.
El rostro indica al otro como es distinto de mí. ¿No constituye un milagro extraordinario en el que tantos y tantos millones de rostros, no haya nunca dos iguales?.
Parecidos sí, iguales nunca.
La diversidad de los rostros es la expresión visible del interior humano, de su unicidad. Por eso todos tenemos el derecho de ser llamados por el nombre, como signo de identificación.
Se dice que somos responsables de la cara que tenemos. No sé si eso es cierto, pero sí somos responsables de la cara que ponemos.

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.
Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logro meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir las escaleras se topo con una puerta semi-abierta; lentamente se adentro en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos mas observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.
El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y le ladro alegremente a uno de ellos. El perrito se quedo sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con el! Cuando el perrito salió del cuarto se quedo pensando para sí mismo:" Que lugar tan agradable! Voy a venir mas seguido a visitarlo!".
Tiempo después, otro perrito callejero entro al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a el. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a el. Cuando este perrito salió del cuarto pensó: "¡Que lugar tan horrible es este! ¡Nunca mas volveré a entrar allí!".
En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: "La casa de los 1000 espejos". "Todos los rostros del mundo son espejos"... Decide cual rostro llevaras por dentro y ese será el que mostraras.
El reflejo de tus gestos y acciones es lo que proyectas ante los demás.
Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, solo se sienten con el corazón.

El primer paso del encuentro de la ternura es, inevitablemente su rostro. El rostro se muestra desnudo. Esa desnudez es simbólica la apertura al diálogo, como una invitación. Pero sólo gracias a la ternura del pensamiento y del corazón, logra transformar un rostro para sacar a otro del individualismo e invitarlo a una cultura de solidaridad. Jesús “lo miró y lo amó”, dice el Evangelio: Al joven rico, a Pedro, a Judas.
La ternura viene del corazón.
“Ve por donde te lleve el corazón”, dice el libro del Qohelet, en la Biblia.

LA TERNURA ES PERDÓN
Así como el amor que no llega a los bolsillos, es un amor muy corto, también la ternura que no llega al perdón, dibuja sólo su caricatura, pero no es ternura.

Un niño contó esta historia a sus amigos de vacaciones:
“El párroco nos dijo que haríamos un ejercicio para ver la forma en que el rencor era un peso enorme para nosotros. Nos pidió que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase elegimos una papa por cada persona a la que guardábamos resentimiento. Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y como, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran mas importantes para mi.
Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra "mochila" sentimental. Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando hacia importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba.
Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma, alimentando mi espíritu. La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón es una expresión de la ternura. El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. La falta de perdón te ata a las personas con el resentimiento. Te tiene encadenado. La falta de perdón es el veneno mas destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una demostración de lo que se puede y debe renovarse a diario. Muchas veces la persona mas importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas. "La declaración del Perdón es la clave para liberarte". ¿Con qué personas estas resentido? ¿A quienes no puedes perdonar? ¿Tu eres infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos? Perdona para que puedas ser perdonado, recuerda que con la vara que mides, serás medido...
"Aliviana tu carga y estarás mas libre para moverte hacia tus objetivos".
La cultura del perdón es un movimiento de la ternura.

SONETO AL DULCE NOMBRE

Si el mar que por el mundo se derrama
tuviera tanto amor como agua fría,
se llamaría, por amor, María
y no tan sólo mar, como se llama.

Si la llama que el viento desparrama,
por amor se quemara noche y día,
esta llama de amor se llamaría
María, simplemente en vez de llama.

Pero ni el mar de amor inundaría
con sus aguas eternas otra cosa
que los ojos del ser que
sufre y ama,

Ni la llama de amor abrasaría,
con su energía misericordiosa,
sino el alma que llora
cuando llama.
Francisco Luis Bernárdez


Pbro. Dr. Ariel David Busso
Adviento 2003


 



 

 

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