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¿SE PUEDE TENER AÚN CONFIANZA?



I. EL PLANTEO

Una persona se sabe mortal y se siente envejecer. ¿Posee en sí mismo los recursos suficientes para sobreponerse al aniquilamiento y a la muerte?. ¿Hay otro poder, otro amor, otra gracia?. Para quién tiene la posibilidad y la gracia de la esperanza, el envejecimiento no es sólo la etapa final que consuma la caducidad de las cosas efímeras y anticipa la muerte. La vejez es el último tramo del primer itinerario rumbo al definitivo: a lo eterno y al Eterno.
Mientras se deshace el hombre exterior podemos ir labrando el hombre interior. La muerte es el reto supremo al uso de la liberta. Saber envejecer en afirmación y consentimiento es la forma suprema de ejercitación anticipada de la muerte como gesto personal. Quien anhela ser eternamente joven ignora la esencia de la libertad. Envejecimiento, sabiduría y eternidad van juntas.

Hay gente deprimida por el tiempo que vivimos. Noticias desalentadoras. La humanidad quiere defenderse, pero ¿Con qué?.

EL PAISAJE

El paisaje donde se desarrolla nuestra vida diaria no siempre es grato por lo que se refiere a la esperanza parece un largo invierno.

La persona es para sí misma un enigma. Cada vez, a medida que pasa su tiempo se conoce mejor a sí misma, se descubre cimas admirables y abismos sobrecogedores.
Ser superficial es dejar que el tiempo pase por uno en vez de ser uno quien pasa por el tiempo. La diferencia es abismal. Cierta vez le preguntaron a Chesterton “qué era ser vulgar”, a lo que el genial inglés respondió:
-“Ser vulgar es estar frente a los acontecimientos importantes y no maravillarse”.
Y conocerse cada vez más a sí mismo en el paso del tiempo es signo de madurez. Tristes momentos en el escenario del ridículo le espera a quien no reflexiona.

Hemos dejado un rastro de contaminación y destrucción por la tierra.
Nuestro planeta, nuestro país, nuestras ciudades y pueblos fueron lugares hermosos para vivir, con aire limpio y agua clara. Pero hemos ensuciado nuestro propio nido.
La deshumanización de las formas modernas de vida y de trabajo, fomenta el proceso de soledad. Se desguaza la familia hasta no quedar a veces, ni siquiera dos personas comiendo juntas. Los hijos mayores ya viven por su cuenta y si no se han ido es porque no les alcanza el diario vivir; los abuelos ya fueron depositados en los geriátricos. Muchos hijos viven en vaivén entre padres separados; otros ya no son bien recibidos.
Los hombres nacen en el frío, viven en el frío y morirán de frío interno a pesar de estar en aglomeraciones masivas. Un hombre muere si se marchita espiritualmente. A veces, ni el vientre materno es ya seguro.

¿SOCIEDAD DEPRESIVA?

No a una sociedad “depresiva”. La historia ha conocido sociológicamente varios tipos de sociedades:
La sociedad industrial
La sociedad del ocio
¿Será el momento de pensar que llegó la era de la sociedad depresiva?
La crisis económica no es la única culpable.
“Los tiempos no son malos –dice San Agustín- nosotros somos el tiempo”.
La sociedad ha perdido la confianza en sí misma; flota desangrada como un astronauta en su nave en busca de algo inexistente para asirse.
Vinieron las ideologías que gobernaron al mundo: el liberalismo primero, el marxismo, el capitalismo salvaje ahora, como le llama Juan Pablo II, pero ninguno fue ancla de salvación. “De la copa a los labios hay un gran trecho” dice el refrán.
Cuando uno lee libros de caballería, se deleita con las leyendas acumulando dragones en la ruta del caballero que quiere desposarse con la princesa de sus sueños, y se regocija porque en el último capítulo surgirá el héroe que se llevará consigo a su enamorada. Pero aquí, en la realidad de la vida, la felicidad es difícil, abrupta. No siempre tiene un final feliz.
¿Cómo puedo ser feliz?, es la pregunta que subyace en cada consulta, en cada afirmación.

Pero no se ve un anclaje. No existe para el hombre de hoy un proyecto religioso universal. El drama de la vida se ha transformado en una tragedia. Y la diferencia no es menor. En el drama se lucha porque se espera salir de él, en cambio en la tragedia se sabe que no hay esperanza, se está apresado como una rata en su trampa, con todo el cielo pesando sobre sus espaldas.
La pregunta es ¿Puede no estar depresiva una sociedad que ha cambiado el drama de vivir por la tragedia?

CRISIS DE INTERIORIDAD

El interior de la persona está enfermo. Hay una morbosa incitación al consumismo y al narcisismo. Los valores ofrecidos son superficiales, muy frágiles y generan un enorme vacío. La gente, con valores que no conforman a nadie, se siente desbordada de problemas. ¿Cómo podré resolverlos a todos?, se preguntan.
Y oscila entre dos polos opuestos, pero peligrosos los dos: por un lado la excesiva confianza y, por otro, el desaliento. Lo primero genera la presunción, lo segundo conduce a la desesperanza.
La sociedad moderna exige mucho a la persona que debe manejarlo todo, pero sola. Los servicios no le ofrecen más que eso: simples ofrecimientos, pero el pobre hombre o mujer está solo, debe transformarse en un Robinson Crusoe. El ejemplo clásico es la megaempresa, al comienzo ofrece una atención personalizada, el oro y el moro, pero luego...arréglese quien pueda.
Pero la persona no puede sola. Desaparecieron las tradiciones donde se apoyaban. (o están muy débiles). Antaño la familia apoyaba, la Iglesia era lugar seguro, sin crisis, el Estado tenía su eficacia.
Víctimas de sus emociones, quienes no tienen a nadie que los apoye –padre, madre. Hijos, cónyuges- entran en ansiedad.
La crisis de interioridad no viene sola. La ausencia de paz interior trae consigo la discordia, la crisis social.

AGRESIÓN CONTRA UNO MISMO O A OTRO

A menudo no existe un proyecto donde invertir su energía. Y debe encontrar salida por algún lado. Esa energía suele volcarse consigo mismo o con otro de su entorno. De pronto irrumpe la violencia. Contra otro, pero a menudo cada uno mismo.


“Estaba pacíficamente sentado un hombre a la orilla de un río cuando un transeúnte que pasó por allí, al ver que estaba con la cabeza agachada y el cuello desnudo, no pudo resistir la tentación de darle un sonoro golpe. Y después de pegarle quedó encantado del sonido que su golpe había producido en el cuello del hombre, pero éste se retorcía del escozor.
El agresor le dijo:
-Espera un momento, puedes devolverme el golpe si quieres, pero responde primero a la pregunta que quiero hacerte: qué es lo que ha producido el ruido, mi mano o tu cuello?
A lo que respondió el hombre:
-Respóndete tú mismo. A mi, el dolor no me permite teorizar. Tu puedes hacerlo porque no sientes lo mismo que yo”.

Mucho de insatisfacción tiene la violencia. La falta de proyectos, la ausencia de esperanzas, hacen recorrer los pasillos del infierno violento.

Otros buscan en la sexualidad un refugio por su soledad. Pero esta sexualidad es sólo la búsqueda de sí mismo en el otro. No hay donación. El otro soy yo mismo que desdoblo. De este modo la sexualidad que desemboca sólo en sí mismo, refuerza el narcisismo y la soledad.

Ninguno de nosotros es responsable de todas las cosas que nos ocurren, pero sí lo somos de nuestra reacción cuando ocurren. La vida es un diez por ciento lo que haces y un noventa por ciento cómo la tomas.

MI VERDAD ES LA VERDAD

El dogma es criticado por las personas. Es sinónimo de autoritarismo, de mente estrecha, de estrechez intelectual, dicen. El dogma, siguen diciendo, mata al pensamiento y desvaloriza la experiencia personal.
Pero ¿Es cierto que el dogma fosiliza?. Después de todo existen muchas verdades objetivas y normas éticas. Hay muchos “deber ser” y lo sabemos. Si echamos por la borda todas estas, no estamos en el camino de la liberación, sino a un paso de la esclavitud: del poder, de las pasiones, etc.
Disponer de una reserva de pensamientos seguros y orientadores hace que la sociedad humana sea vivible
Hay verdades y valores que nos preceden. No somos arquitectos de todo lo que hay en el mundo. Y de muchas cosas somos simples administradores.
La humanidad, no es fuente de verdad y valor, sólo su guardia.
Los primeros en sufrir los efectos de esto, son los jóvenes. Su porvenir, así considerado, puede ser un drama. Si la juventud no tiene faro luminosos, su porvenir es oscuro como una noche sin estrellas. Los brillos encandilan, las luces alumbran.

La conciencia si bien es norma subjetiva de moralidad, debe ser formada por verdades objetivas. La conciencia debe tener su apoyo en realidades.

Un adivino le dijo a otro:
-Una vez abandonaste a un hombre creyéndolo muerto.
Y el hombre asintió en silencio.
-Lo has tirado a un pozo y lo diste por muerto.
-¿El me busca? –preguntó el otro temblando.
-Te ha buscado por mucho tiempo –contestó el adivino.
-Viví diez años en las montañas para huir de él y con el corazón amargo como un nido de víboras.
El adivino lo miró ahora a la cara. El hombre le preguntó.
-¿Me busca todavía?
-No. Ahora ya no –contestó el adivino.
-Si me encontrase, quizás le pediría disculpas y aunque él se vengara sería mejor que vivir así como vivo, con el alma dañada.

Era casi media noche cuando el adivino regresó a su casa. La mujer lo esperaba en la puerta y le pidió explicaciones por su tardanza.
-Pareces preocupado –le dijo la mujer –¿Hay algo que te aflije?
Después de la cena el adivino le relató:
-Sabes, hoy me he quitado un peso de encima. Durante todos estos años anduve muy mal pensando como vengarme, y hoy del que yo quería vengarme vino a mi. Y yo no supe qué hacer.
La mujer sofocó un grito de horror:
-¿Lo has matado?.
-No –respondió el adivino- porque él ya estaba muerto.

No hay nada más dogmático que la culpa.

GUÍAS FALSAS

Se buscan faros que guíen. Pero a menudo, no son más que velas de cumpleaños que se apagan al menor soplido, son terapias alternativas de escaso alcance.
Un maestro de obras trabajaba desde hacía muchos años para una gran empresa de construcciones. Un día recibió la orden de construir una gran casa, según su propio proyecto.
Podría construirla en el lugar que quisiera, pero la condición era que no se fijara en los gastos.
Los trabajos comenzaron enseguida.
Pero aprovechando la confianza que le daban sus patrones, el maestro de obras pensó en usar materiales baratos, pensó contratar obreros poco competentes para pagarles menos. De ese modo pondría en su bolsillo la suma que ahorraría. Y así lo hizo.
La casa estuvo terminada, se organizó una fiesta. El maestro entregó al presidente de la sociedad edilicia la llave de entrada del edificio. Pero el presidente se la devolvió sonriendo. Y le dijo estrechándole la mano:
- Esta casa es nuestro regalo para Ud. como signo de estima y reconocimiento.

Todos los días son ladrillos que ponemos para la casa futura ¿Cómo la edificamos?

AUTOMEDICACIÓN

Muchos buscan ayuda para su desaliento en el mostrador de los medicamentos. El recurso a los fármacos es alarmante. Automedicación.
Cuando a alguien se lo desaloja del entramado social que lo consuela, de la seguridad de una tradición y de su fe, queda a la deriva. Exhausto, al fin, se rinde a la medicación. Y a la medicación automedicada.
Se exime de las responsabilidad de reflexionar y de realizar esfuerzos, la medicación suple la responsabilidad.
Lo mismo puede decirse del alcohol y de las drogas.
Síntomas de una cultura depresiva.
El amor es la única llave que encaja en las puertas del paraíso.

COMPENSACIÓN FÍSICA

Algunos buscan en otros lugares.
Las revistas abundan en propaganda para solucionar las cuestiones psicológicas o físicas. Autoayuda, placer físico. Si se hace una alusión a lo espiritual se lo ubica en el área del esoterismo y las técnicas de Salvación automática. La conversión del corazón y la interioridad no se consideran. Millones de pesos invertidos por empresas de pastores brasileros, gurúes umbandas, sanadores de todo tipo, medicinas alternativas, polvitos mágicos y flores de Bach para todos.

SUEÑOS E ILUSIONES

Existen otras vías de escape. Hay un gran deseo de una religión universal, pero separada de su fundador. Religión sin reglas, sin doctrinas. Con exigencias mínimas y sin jerarcas ministros. El nacimiento y el auge por un tiempo de la New Age es un buen ejemplo. La era de acuario cautivó a no pocos católicos.
Lo propio de estos sueños es que no exigen conversión, esfuerzo. Se puede pertenecer a esa religión pero se puede seguir haciendo lo mismo que siempre. Tampoco entra el tema del pecado.
La persona entra en el paraíso, en un coche de lujo.
¿Esperanza o espejismo?.

Las sectas es una presencia inquietante. Pero lo más inquietante es que muchos católicos buscan la efectividad inmediata de las sectas. “La Iglesia optó por los pobres,
pero los pobres optaron por las sectas”.
Existe un auge de fundamentalismo. Creer es sentir. Sólo debe creerse aquello que se siente Las emociones, los sentimientos así entendidos, no imponen doctrinas fijas ni dogmas. Sólo son necesarios una serie de equipos y herramientas que permiten poner manos a la obra. “Religión à la carte” (sin menú fijo).

El futuro es el misticismo. ¿Pero cuál?. ¿Cómo?.


II. EL PASO FIRME DE LA ESPERANZA

La persona es un ser cargado de deseos, que busca continuamente su propia realización.
Es por ello que siente su finitud y de manera continua se topa con los bordes y los límites.

Hay tres paradojas en la existencia de las personas:

La primera es que anhela infinitamente más de lo que sí mismo puede conseguir. Los deseos son desproporcionados respecto a sus potencias. El encuentro con la Verdad y con el Bien será siempre una meta a conseguir, correrá detrás de las huellas de una Verdad y de un Bien que dobla continuamente la próxima esquina, sin dejarse ver del todo.
Dice Salinas:
“¿Nos buscamos, o busco sólo mi soledad?”.

La segunda es la pasión por la libertad y por la autonomía totales.
Y sin embargo, desde su conformación anatómica hasta su vocación intelectiva, depende de los demás. La necesidad de amar y de ser querido es una exigencia de tal magnitud que limita intransigentemente esa absolutez en el deseo que no depender de nadie.
“Que alegría vivir
sintiéndose vivido
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mi, muy lejos
me está viviendo”
Pedro Salinas

La tercera es que necesita poder anticipar, programar su futuro para poder vivir sin sobresaltos, en confianza. Sin embargo, el futuro absoluto, el que en el fondo le interesa, no lo podrá descubrir nunca.
-¿Qué va a ser de mi? –le queda desconocido y sustraído.
Freud decía que detrás de todo miedo, está siempre el miedo a la muerte. Quiero estar seguro de que perduraré...

Esta triple paradoja hunde sus raíces en la esperanza. Mejor dicho, estas tres paradojas demuestran que no se puede vivir sin esperanza.
Pero las paradojas comienzan a responder cuando otro uno se ha extendido hasta sus propias honduras y la medida de sus alturas.

UTOPÍA Y ESPERANZA

Esta finitud la sienten también los no creyentes. ¿Hay esperanza profana?.
La utopía es una suerte de versión profana y secularizada de la esperanza cristiana.
Liberada de Dios, la esperanza debe por lo tanto sostenerse exclusivamente en el esfuerzo humano. Se crean las ilusiones. La persona debe hacerse responsable de su propia esperanza, porque ésta no puede provenir de ninguna otra fuente.
La esperanza cristiana no descansa en la gente, sino en las promesas de Dios. Por eso, así como es necesario creer en Dios para no creer en tantas cosas, también es necesario esperar en Dios para no forjarse falsas ilusiones.

DOS TENTACIONES

Hay una doble tentación en el hombre, en la sociedad desesperanzada:
Una confianza imprudente en lo nuevo y la falta de imaginación.
Ambas son peligrosas. Romper con las tradiciones por el sólo hecho de que me preceden, porque yo o mi generación no las inventó. Y, por otra parte, temer hacer algo por el paralizante miedo a equivocarse.

FORMAS DE EJERCITAR LA ESPERANZA

Hay distintas formas de vivir la esperanza, depende de lo que ponga delante de mi vida:
“Un hombre había juntado una riqueza tal que comenzó a despreciar a sus semejantes. Entonces un amigo fue hasta él y le dijo:
-Mira por tu ventana, afuera, ¿Qué ves?
-¡hombres! ¿Qué quieres que vea?
-Ahora –le dijo el amigo- mira por el espejo ¿Qué ves?
-¿qué otra cosa puedo ver?. ¡A mi mismo! –respondió.
-¿Ves? –le agregó el amigo- la ventana es de vidrio, como también lo es el espejo. Pero apenas le pones un poco de plata en un lado, lo único que ves es a ti mismo”.

No sólo la plata transforma al vidrio, espejo de sí mismo. La envidia, los celos, el deseo de poder... hacen lo suyo.

-Mantenerse en atención orante. Maranathá es la palabra que cierra al Biblia: Ven Señor Jesús, se la traduce. Es una oración de esperanza.

-El compromiso. Mantener la palabra dada, la fidelidad a los valores comprometidos. El matrimonio, la promesa de fidelidad para siempre, la dedicación plena. No existe la palabra ad tempus, a gusto del consumidor. Reflexionemos a lo que el mundo ha llegado a hacer con el juramento, de por sí religioso. Hay gente que en los cargos públicos “jura” por su propio honor... ¿Pero, no tiene en sí mismo, el juramente un intrínseco sentido religioso? ¿No quiere decir poner a dios como tstigo?.

-El ejercicio de la paciencia. Qué bien trata el tema Goethe, en el Fausto.
“El tiempo es nuestro enemigo”, dice. Y cuando Mefistófeles ya no puede más, le dice: “Y maldita sea tu paciencia”...
Paciente es el que espera sufriendo. No puede reflexionar mucho, sólo espera...

Cuenta Anthony de Mello este relato recibido de un hombre:
“Durante años fui un neurótico. Era un ser angustiado, deprimido y egoísta. Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara. Y no dejan de recordarme lo neurótico que yo era. Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba. Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara.
Y también con él estaba de acuerdo, y no podía sentirme ofendido con él. De manera que me sentía impotente y como atrapado.

Pero un día me dijo:
-No cambies. Sigue siendo tal como eres. En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte.
Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: “no cambies. No cambies...te quiero...”.

Entonces me tranquilice. Y me sentí vivo. ¡Oh maravilla!, y cambié”.
Dios es mejor que nosotros mismos.
La esperanza anticipa. Hasta los amantes lo saben porque gozan también en la espera. El deseo es ya un camino. Juan de la cruz desarrolla convenientemente el sufrimiento y el gozo concomitante de la espera:
¿A dónde te escondiste Amado...?, dice San Juan de la Cruz.

El hombre con confianza es el un icono de la esperanza teologal.

¿Y que le ofrece?
El otro que se acerca –ya sea Dios o el prójimo, o Dios y el prójimo- le ofrece su solución a la paradoja, con la esperanza.
El latín usa el verbo sperare para expresar lo que en el futuro confiamos lograr por nosotros mismos; y expectare para designar lo que confiamos alcanzar con la ayuda del otro.

La crisis radical de la esperanza en los tiempos modernos, comienza a hacerse extensiva con la negación del otro llevada a cabo por Nietzche. Su innovación no fue decretar la muerte de Dios aunque haya dicho “Dios ha muerto”, sino la de constituir el superhombre. Y para ello, para crear al superhombre, es necesario negar al otro. Para que cada uno sea absoluto debe desaparecer el otro, y sobre todo el Otro, gran testigo y sostenedor de la persona.
Nietzche no podía constituir su sistema, su ideal y programa de superhombre, mientras existiera un Dios capaz de velar por cada hombre, por cada prójimo y de valorarlo como persona humana y como obra de su Creación.
Si existe el superhombre, no hay otro, tampoco “el Otro”. El superhombre es el hombre que hace todo, que asume todo, que se apoya en sí mismo, que todo lo puede. Pero entonces, ¿Cómo va, a tener esperanza, si ya tiene todo lo que debe tener?.
¿Para qué va confiar, si el otro es simplemente un ente de razón, una entelequia, de la necesidad de que el otro exista, pero que no existe?.
Sin embargo, la vida personal sigue reclamando: deseo más de lo que puedo conseguir; quiero ser más libre de lo que soy ahora y necesito tener la seguridad de mi propio futuro.
Y la respuesta es que sólo Dios y el otro, pueden hacer vivir de esperanza. Otorgar confianza.
Son la raíz y la razón de la esperanza.
El hombre funda su esperanza cuando inicia una relación y encuentra una misión. Recogerla y albergarla dan libertad. Vivirla abren las nubes del futuro.

“No quieras ir afuera, entra en ti mismo;
en el hombre interior mora la verdad; y
cuando vieres que tu naturaleza es mudable,
trasciéndete también a ti mismo.
Pero no olvides que, al remontarse sobre las cimas
de tu ser, te elevas sobre tu alma, dotada de razón. Encamina, pues, tus pasos,
allí donde la luz de tu razón se enciende”.
(San Agustín)

Ariel David BUSSO
27 de Agosto de 2004

 



 

 

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