Alberdi 3065 (2700) Pergamino (BA) - Tel 02477 429001  -  Diócesis de San Nicolás de los Arroyos                                                            |    |    |    |

Principal

Actividades

Parroquia

Caritas

Colegio

Jardín de Infantes

Imágenes

Reflexiones

Homilías

Meditaciones

Relaciones

Nuestra Patrona

Nuestra Diócesis

Catequesis en la Red

El Credo

Los Mandamientos

Los Sacramentos

La Oración Cristiana

Los Santos

El Sermón de la Montaña

Tiempos Litúrgicos

Adviento y Navidad 2007

Donaciones

 

¿CUANTOS SE SALVAN?

Por el Pbro. Dr. José Manuel Fernández

 

Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”. Él respondió: “Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”. Y él les responderá: “No sé de dónde son ustedes”. Entonces comenzarán a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas”. Pero él les dirá: “No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!. Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos” (Lc 13,22-30).

 

Es la segunda vez que en el evangelio de Lucas se menciona el viaje de Jesús hacia Jerusalén y que inició en Samaría (9,52). Es el viaje del Samaritano que recorre ciudades y pueblos recogiendo todos los fragmentos de humanidad perdida para llevarlos sobre sus hombros y presentarlos al Padre. No realiza proselitismo en busca de suceso sino que él es la misma misericordia que se hace cercana a toda miseria. Su enseñanza es su mismo viaje: en él Jesús nos revela que Dios “nos ha salvado y elegido con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad” (2 Tim 1,9).

 

La salvación es el único problema serio del hombre. La pregunta formulada a Jesús expresa esa inquietud de cualquier persona, pero se refiere al número: ¿cuántos se salvan, muchos o pocos? Jesús cambia el centro de atención del “cuántos” al “cómo” es posible salvarse. Esta manera de actuar de Jesús no es extraña ni descortés. Es simplemente la actuación de quien quiere educar a los discípulos, a pasar del nivel de la curiosidad al de la auténtica sabiduría; de las cuestiones ociosas que apasionan a la gente, a los auténticos problemas existenciales. De aquí podemos comprender la absurdidad de aquellos, como los Testigos de Jehová, que creen saber incluso el número exacto de los salvados: 144.000. Este número que aparece en el Apocalipsis, tiene un valor meramente simbólico (el cuadrado de 12, que es el número de las tribus de Israel, multiplicado por mil) y se explica en esta expresión: “una multitud inmensa, que nadie podía contar” (Apoc 7, 4.9). Si aquel fuera realmente el número de los salvados, entonces podríamos ahorrar todo esfuerzo. De ser eso cierto, en la puerta del paraíso deberían haber escrito desde hace tiempo el cartel: “Completo”.

 

Todas las religiones son un tentativo de solución y proponen una iluminación, ascesis o revolución mediante la cual el hombre pueda salvarse. Realmente, para la Sagrada Escritura, al hombre le es imposible salvarse por sí mismo, ya que todos somos salvados por el amor gratuito del Padre. “Salvar” es un verbo que solo puede conjugarse en pasivo: “soy salvado”. El Reino no es objeto de apropiación: es la herencia que Dios ofrece a sus hijos. Es verdad que la puerta es estrecha, pero también hay que ser creativos de modo tal que todos seamos salvados. Ésta es en efecto la voluntad de Dios: “que todos los hombres sean salvados y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4).

 

San José Cafasso (1811-1860) era llamado “el sacerdote de la horca”, porque en todas las ejecuciones capitales estaba junto al condenado. Durante su vida, el lugar preferido que eligió para ejercer el apostolado fue la cárcel. Fue el más grande amigo y benefactor de Don Bosco. Un día relataba que no lograba confesar a un encarcelado, porque éste le había dicho que en cierta ocasión en que ingresó en un templo, el sacerdote estaba predicando que eran poquísimos los que se salvaban. El malviviente pensó, “yo no me puedo contar entre ellos”, entonces siguió robando y asesinando. Pero Cafasso le dijo: “La puerta es estrecha, pero eso significa que no vamos a entrar todos de golpe sino que pasaremos de uno a la vez”. El hombre quedó iluminado por esas palabras, y arrepentido pudo gozar de la misericordia bondadosa de Dios, experimentando que nadie tiene derecho a agrandar o eliminar la puerta pero si a vivir todos el compromiso y la decisión de tomar en serio las exigencias del evangelio.

 

 

Parroquia Santa Julia

  Alberdi 3065 - Pergamino  (BA) - República Argentina |Diócesis de San Nicolás de los Arroyos

Teléfono:  02477 429001 | email: informa@capsantajulia.com.ar