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CUATRO DESEOS

 

Cuatro deseos para los que uno ama: que sea sabio, fuerte, rico y honrado. Pero,

1. Es sabio aquel que aprende de todo hombre.

2. Es fuerte el que sabe gobernar sus pasiones.

3. Es rico el que es feliz con su suerte.

4. Es honrado aquel que honra a los demás.

Un poco de sabiduría, con esas cuatro vivencias, se pude delinear el retrato de la persona verdaderamente madura y auténtica.

 

1. Es sabio aquel que aprende de todo hombre.

 

Así es el que aprende de cada encuentro: se necesita humildad y respeto por los otros, para estar abiertos y disponibles a descubrir aún de la persona más simple lo que tiene de luz y de verdad. Siempre existe la capacidad de maravillarse si el corazón no se embriaga por la soberbia.

"El mundo no perecerá por falta de maravilla, sino por falta de admiración", decía Chesterton.

Cierta vez visité a un muchacho enfermo de SIDA.

Su familia lo había traído a morir al país, luego de muchos años de ausencia. Estaba ya en su etapa terminal.

Como ocurre en estos casos, las angustias agudizan el dolor y toda familia termina viviendo una verdadera pasión. Su padre me pidió que lo visitara. Encontré al enfermo acostado con la delgadez previsible y, como hacía calor, estaba envuelto apenas por pañales descartables. Contrariamente a lo que suponía, se alegró de mi visita. Pidió que le trajera el mate para sellar la relación que se establecería en la conversación de los próximos minutos.

Cuando me ofreció el primer mate debe de haber advertido la aprensión delatada en mi rostro. Entonces, sonriendo, me dijo:

- ¿Viste? Yo ya me siento libre. Se que voy a morir pronto y ayer me confesé. En cambio noto miedo en tu cara. Tomá el mate tranquilo, que mi mal no se contagia de esta manera.

Al salir de allí, tuve que hacer coraje para reconocer que tenía razón. De aquel hombre en la puerta de su muerte, me había enseñado otro lado de la libertad. Ese día se sumó otra verdad a la sabiduría.

Aprendí que "es sabio aquel que aprende de todo hombre".

 

2. "Es fuerte el que sabe gobernar sus pasiones".

 

Sí, se es verdaderamente fuerte cuando uno sabe controlarse a sí mismo.

Insultar, vengarse, robar, es signo de impotencia, de mezquindad, de incapacidades.

Las pasiones humanas son innumerables. Y todas son distintas, unas de otras; y todas juntas, tanto las mezquinas como las nobles, están sujetas al hombre; pero si se las deja sueltas se transforman en terribles tiranos.

Por ejemplo: en un libro ruso, "Las almas muertas" de Nicolaj Gogol, muestra como hilo conductor, la obsesión y el horror que es capaz de provocar la pasión por el dinero. En una de sus páginas, reflexiona sobre el personaje amante de la riqueza y le sucede lo que a todos. Porque todos tenemos dentro, oculta y silenciosa, en sueños o en acción , alguna pasión. Al comienzo, estamos convencidos de ser nosotros su caballero y ella es así alentado para que corra más rápido y con mayor libertad. Pero progresivamente, el freno no funciona; las pasiones se nos escapan de las manos y ya no hay control para ella. Lo mejor de nosotros puede transformarse en mezquino:

El ardor, el ímpetu sincero, se transforma en arrebatamiento.

Lo amoroso, el genuino sentimiento del afecto, se puede transformar en frenesí, furor, fiebre, excitación, exaltación, fuego indomable.

El corazón  humano es el abrigo de todo desorden, lo mismo que de cualquier audacia: pude ser un enemigo terrible e ingobernable. El corazón humano no es naturalmente puro: debe ser purificado siempre.

 

3. "Es rico el que es feliz en su suerte"

 

El verdadero hombre sereno, pide a Dios "no darle ni miseria ni riqueza, sin sólo el alimento necesario", como dice el Salmista:

"Un rico latifundista le concedió a un pobre agricultor, toda la tierra que fuera capaz de recorrer, desde el amanecer hasta el ocaso del sol. Cuando el sol hubiese desaparecido, debía regresar al mismo punto donde había partido por la mañana.

El campesino se metió en camino a la madrugada y su paso se hacía cada vez más veloz para adquirir más y más tierra. Con sus últimas fuerzas, alcanzó el punto de partida, exhausto pero feliz por por la enorme extensión que ahora le pertenecía. Pero en aquel momento, cayó muerto al suelo.

Ahora, sólo le sirve un minúsculo pedazo de tierra para enterrar su cuerpo."

Sería bueno preguntarme:

¿Qué cosas son las que me son útiles?

¿De qué cosas tengo verdaderamente necesidad?

"Señor, ponme delante de mí esta pregunta, continuamente, día por día, porque sólo es rico el que es capaz de ser feliz con su suerte".

 

4. "Es honrado aquel que honra a los demás"

 

Del respeto por los demás, nace el respeto de los demás.

Vivir de celos, envidia, calumnia, no es sólo un signo de mezquindad de ánimo, sino una fuente de tomentos y de insatisfacción.

Cierta vez, un maestro le preguntó a sus alumnos:

 

- ¿Dónde habita Dios?

Todos se sorprendieron de esta pregunta. Y contestaron:

- ¡ Qué pregunta ! El mundo entero está lleno de su Gloria.

Pero el maestro dio otra respuesta:

- Dios habita donde se lo deja entrar.

 

El que tiene detalles con los demás, deja entrar a Dios. El amor es detallista y el detalle forma.

El mismo maestro le preguntó después a sus alumnos:

 

- ¿ Cómo se distingue la hora en la cual termina la noche y comienza el día ?

Uno respondió:

- Cuando de lejos, se pude distinguir el perro de las ovejas.

- No, dijo el maestro.

Otro dijo:

- Cuando de lejos se puede distinguir una plante de dátiles de otra de higos.

- No, dijo otra vez el maestro.

- Entonces, ¿ cuándo es ?, preguntaron todos.

Dijo el maestro:

- Cuando puedes mirar el rostro de cualquier persona y lo ves como tu hermano o tu hermana. Hasta entonces - siguió diciendo el maestro - hasta entonces, dentro tuyo, aún es de noche.

"Es honrado aquel que honra a los demás".

 

Cuatro deseos:

tener sabiduría,

tener fortaleza,

tener riqueza y

tener honra.

 

Pero, ¿ qué sabiduría, qué fortaleza, qué riqueza y qué honra ?

 

La que puedo adquirir con la fuerza del Espíritu, porque "Hay otro ser por el que miro el mundo, porque me está queriendo con sus ojos".

 

¡ Ven Espíritu Santo !

Dame sabiduría, fortaleza, riqueza y honra, pero las quiero al derecho de como las quieren todos, sin las hilachas de mi miseria.

 

Padre Ariel Busso

Pentecostés 2003

 

 

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