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PARA QUE EL MUNDO SEA HABITABLE

 

Navidad 2001

 

por el Padre Ariel Busso

 

1. Cada año cuando llega la Navidad, no puedo menos de volver a preguntarme cómo es posible que los hombres - especialmente nosotros que tenemos fe - hayamos vaciado tanto el sentido de esto que decimos celebrar. Que la Navidad se haya quedado, en el mejor de los casos, en un reunión familiar.

Si la Navidad es un vértigo ¿Cómo puedo frenarla en sólo una fiesta de reunión?. " El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros ", es una frase tan cierta como que " dos más dos son cuatro ", pero tan profunda que le hizo decir a Ortega y Gasset que:

"si Dios se ha hecho hombre, es que el hombre es lo más importante que se puede ser"

La Navidad grita que al hombre le cabe dentro nada menos que Dios y con ello estira nuestro corazón hasta el infinito. Todos nacimos en Belén. O mejor dicho: lo mejor de nosotros mismos nació en Belén.

¿Cómo es posible entonces, reducir la historia de la Navidad a un simple asunto de reunión y de turrones?

No. La Navidad es otra cosa.

 

2. DÉFICIT EN EL CORAZÓN HUMANO

 

Dios vino al hombre para que el hombre sea feliz. Pero el hombre de hoy no es feliz.

Siento una compasión enorme por ese hombre, ese pequeño ser admirable que vive y muere entre piedras y hormigón, siempre apurado buscando más rapidez para todo, molesto por su presión, afectado por males en su cuerpo y en su alma, lleno de problemas, siempre a la búsqueda pero generalmente muerto antes de haber encontrado.

Durante años he escuchado a gente despreciada, descarriada, rota y desarraigada, a enfermos, a ancianos y solitarios. He escuchado a hombres en medio de su bienestar, que tenían cuanto deseaban y podrían comprar cuánto soñaran.

Entonces pensé que la finalidad de mi vida es hacer a ese hombre, a cualquiera de ellos, un poco más feliz. Porque hacer hombres felices es el sueño de hombres felices.

Porque si uno es feliz, lo único que le falta es la felicidad de los demás.

Es cierto que uno se sentiría como un profeta loco que pasea una utopía: un profeta loco en un mundo que parece un shopping: la gente mira hacia otro lado, fascinada por cosas muertas, glorificadas como si fueran las flores del paraíso.

Ese hombre, que quiero hacer feliz, no ha sido hecho para la producción, la cuenta corriente,  el ruido que aturde. Ha sido creado para la luz, para la alegría, para reír y cantar, para vivir en amor y para felicidad del prójimo.

Ha sido creado según la imagen de un Dios que es amor, con dos manos para dar, un corazón para amar y dos brazos lo bastante largos para abrazar a otro.

El sueño de los hombres empezó como el sueño de un niño: un sueño lleno de fantasía, un sueño feliz.

Pero el sueño se ha roto. Se ha hecho creer al hombre de hoy que los sueños son mentiras y que toda felicidad ha de llevar una etiqueta de precio.

Por eso, la humanización de Jesús en el vientre de María, en la cuna de Nazareth, ha devuelto a los hombres la posibilidad de ser felices, porque todos necesitamos el calor de un gran amor para llegar a ser hombres.

La región más subdesarrollada del hombre de hoy es el corazón.

 

3. VIVIR DE OTRO MODO

 

La Navidad para nosotros, es una cátedra para vivir de otro modo. Estar entusiasmado por la vida, por toda la vida, incluso por la vida que cuesta.

Una vida más sana

 lejos de las cosas que no se necesita, que sólo sirven para frustrarse espiritualmente lejos de esos locales de luz artificial, estrechos, llenos de humo, atronados por una música estridente, e ir a dormir cuando luce el sol.

Una vida más sana

 una vida donde la hospitalidad y la amabilidad llenen las viviendas de hombres triste. Donde se pueda hacer el bien sin pedir nada a cambio.

Una vida que entable amistad con la naturaleza.

la luz del verano

la risa de un niño

el canto de un pájaro

el agua que brota

la sabia de los árboles

el día y la noche

la calma y el silencio

el séptimo día

el vivir y el morir.

Deberíamos agradecer a un Dios que me permite latir mi corazón 103.000 veces por día gratuitamente, respirar 20.000 veces por día sin presentar factura por los 137 m3 de aire que necesito para ello.

¿Alguien se preguntó alguna vez cuántas horas de vuelo de cuántas abejas es una cucharada de miel que como una vez?

Por cada pedazo de pan que como alguien ha puesto una semilla en el suelo. Un ser mayor que el hombre ha ocultado en la semilla, la opulencia del trigo granado.

Vivir de otro modo. Con una vida más sana y una amistad con la naturaleza, podré encontrar el secreto de lo que Dios comenzó a escribir en Belén. Saborearemos el gusto de un pan recién hecho, de un vaso de agua recién salida de la fuente.

 Los hombre felices nunca son peligrosos.

Hombres felices que, mucho más allá del cuerpo, liberados de miedos y deseos, en las costas extremas de la vida, se ofrecen mutuamente la alegre acogida de un amor inmortal.

Una vez conocí a un hombre que se llamaba Juan.

Juan había visto un pedacito de mundo. Sólo tenía una mujer, algunos hijos  y una casa. Había trabajado con sus manos todos los días y todos los hombres eran bienvenidos a su mesa y a su corazón. Cuando cumplió ochenta años era tan animoso y entusiasta como alguien de veinte.

El me hizo aferrar mi fe en la vida eterna.

Pero sabía:

"Si todos los hombres se contentaran con tan poco, habría bastante para todos"

y agregó

"Si tengo poco, lo más importante para mí son las personas,

si tuviera mucho quizás prevalecerían las cosas"

Vivir distinto:

Un poco de amor puede ser como la gota de agua que da a la planta la fuerza para poder levantarse;

Un poco de amor puede sanar a alguien; y sanar a un hombre es ayudarlo a recuperar el valor perdido.

Más que por la boca, el amor hablará por la suavidad de las manos, por la ternura de la cara y la atención del corazón.

 

4. A TODOS

 

Creyentes y no creyentes, anticlericales, librepensadores, humanistas, hombres de izquierdas y de derechas.

Vivimos en la misma aldea llamada "tierra". Estamos encomendados los unos a los otros para convivir. Nos pertenecemos.

Hacemos juntos el largo camino,

el camino que atraviesa muchos noches,

un duro camino que cruza el desierto de la aridez humana, por la montaña de codicia, desconfianza y violencia.

No nos hacemos ilusiones. No esperemos milagros.

Pero debemos convencernos que hacemos juntos el largo camino.

Si un pájaro cae del nido, muere.

Si un hombre, un solo hombre, no halla acogida en los brazos y el corazón de los otros, también muere.

Por eso, el mensaje de dos mil años del evangelio no es para iniciados selectos, para inteligencias escogidas.

No es un lenguaje cifrado con métodos técnicos y científicos.

El lenguaje de Belén lo entienden los que tienen un sentido vital apropiado para ellos: los que se hacen pobres y los que se hacen niños. Por eso les resulta tan difícil a los que no se hacen pobres, a los que no se hacen niños en dar en esta forma de alegría.

Hemos de recorrer el camino del grano de trigo. El grano de trigo, ese eterno perdedor, pero cuando florece el trigo da júbilo a toda la tierra.

Debemos abandonar:

la vía de la violencia

la vía de sangre y de lágrimas

la vía de la muerte, el viejo camino, trillado por generación tras generación por hombres que sólo creyeron en el poder, en la posesión, en la ley del más fuerte.

 

El cambio no comienza con nada grande, con nada espectacular. Belén era un caserío miserable; el pesebre un lugar olvidado del palacio de Herodes. Pero Belén fue la cuna del Dios que endiosó a los hombres.

Un río empieza en algún lugar recóndito del bosque;

una tormenta con el murmullo de las hojas;

un fuego, con una chispa;

un trigal con semillas casi invisibles.

Se trata de mirar el lado interno de los hombres. Si cambia el lado interno de los hombres, cambia todo, todo el mundo. En cambio, la violencia no cambia nada más que los hombres de los que ostentan poder.

La violencia no resuelve nada. La violencia es una forma de pesimismo extremado.

Si por querer una nueva sociedad ha de morir un solo inocente, maldita sea esa nueva sociedad.

Se reprochará que el Niño de Belén no cambió nada, porque es manso y no pasó sobre cadáveres.

Pero desde su cuna enseñó el perdón y mostró como salir del círculo vicioso.

El mal que llama al mal.

La violencia que pide más violencia.

Una ofensa que ha de ser vengada.

Una injusticia que sigue a la otra.

Se busca al que ha pegado primero, no para perdonarlo, sino para devolverle el golpe.

Se pretende todo con "la justicia de los hombres" pero esa justicia no rompe el círculo, sino que amputa los miembros del corazón humano.

Y cuando un hombre se hunde espiritualmente ninguna ayuda humana puede salvarlo.

Cristo ha nacido en Belén. Y Belén queda en la Tierra, no en Marte. El nacimiento de Cristo, fue en Belén, en medio nuestro, en medio de los hombres, de esta humanidad.

Pero no ha venido a cambiar el mundo. Sólo ha venido a cambiarme a mí.

Alguien, desde joven, se sintió un revolucionario y su oración consistía en decir a Dios:

"Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo".

Cuando se hizo adulto, se dio cuentas que había pasado media vida sin haber logrado cambiar una sola alma. Transformó su oración en esta:

"Señor dame la gracia de transformar a cuántos entran en contacto conmigo, aunque sólo sean mi familia y mis amigos. Con ello me conformo"

Luego, de viejo, empezó a comprender su estupidez. Su única oración es la que sigue:

"Señor, dame la gracia de cambiarme a mí"

Todos pensamos en cambiar a los otros. Casi nadie precisa en cambiarse a sí mismo.

Si uno, uno sólo de los que estamos aquí esta noche, junto al pesebre de Belén, logra cambiar sus propias intenciones, su propio corazón, entonces ¡Es cierto!: El sol sale en cada hombre nuevo que pasa por el mundo

¡Es cierto!: ¡El verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros!

 

5. FRENTE AL PESEBRE DE BELÉN:

 

Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes, y a no decir mentiras para ganar el aplauso de los débiles.

Si me concedes fortuna, no me prives de la felicidad;

si me das fuerzas, impide que pierda la razón;

si me das éxito, otórgame también humildad.

si me das humildad, líbrame de despojarme de la dignidad.

 

ayúdame a ser siempre el otro lado de la medalla.

No me permitas culpar de traición a los demás cuando no precisan lo mismo que yo.

No me dejes caer en el orgullo del  triunfo

ni en la desesperación del fracaso.

 

Concédeme de que perdonar es lo más grande que tiene el fuerte,

y que la venganza es la señal primitiva del débil.

Si me quitas lo que tengo, déjame la esperanza,

si me quitas el éxito, déjame la fuerza.

Y si este año yo he ofendido a alguien dame valor para pedir disculpas.

Que así sea.

 

 

 

 

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