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O GENEROSO O AVARO

 

Por el Padre Ariel Busso

 

1. "Amarás al Señor con todo tu corazón", dice Dt 6, 5.

Este es, en definitiva el programa a seguir: Dios único amor y Dios no admite competidores. Y menos aún que el corazón humano se llene de sustitutivos, escritos en mayúsculas.

Porque no hay más que un amor por el que vale la pena entregar la vida.

 

2. El corazón del hombre le pertenece a Dios, y a ningún otro.

"Nos hiciste Señor para ti y el corazón permanecerá inquieto hasta que no repose en ti", decía San Agustín.

A las personas las amamos por El y en El. Ellas son el signo de Dios, los que nos hacen ver, en singular y plural manera el rostro de Dios.

 

Pero el corazón humano, puede ser también el abrigo de todo desorden, o de cualquier audacia imprudente. El corazón puede ser un enemigo temible e ingobernable, fuente de toda tristeza evitable. Por que el corazón humano no es naturalmente puro: debe ser purificado; y a veces dolosamente purificado.

Hay un precio que pagar por tener el corazón purificado.

Un corazón puro que puede mirar despejadamente situaciones y personas es fruto de un largo aprendizaje. Se consigue al final de un largo camino. Pero antes, deberá tomar conciencia de su propia debilidad y hacerse cargo de ella: sin culpar a nadie, salvo a su propia manera de ser.

La ilusión de estar "maduros" en este campo, de ser "adultos" en el corazón ha segado a más de una víctima ilustre.

La "mirada pura", "el corazón puro" se obtienen después de muchas peregrinaciones.

Naturalmente, el corazón humano tiende a mas bienaventuranzas, pero al revés:

 

1. Bienaventurados los que confían en sí mismos, porque saben que no necesitan de los demás;

2. Bienaventurados los agresivos, porque disfrutarán pisoteando a la gente;

3. Bienaventurados los que no se privan de nada, porque nunca sabrán las consecuencias de un sacrificio;

4. Bienaventurados los que ponen el dinero ante todo, porque el dinero será su consuelo;

5. Bienaventurados los que no se compadecen de nada, porque sus corazones serán invulnerables;

6. Bienaventurados los consumidores de sexo, porque nunca sabrán lo que es la ternura;

7. Bienaventurados los que siempre se salen con la suya, porque de ellos es el reino de este mundo.

 

Un simple momento bastará para comparar estas bienaventuranzas con las del Sermón de la Montaña.

Allí nos daremos cuenta si el corazón aún no se ha purificado, porque nos sentiremos aludidos en alguna de ellas.

 

El corazón necesita siempre una vigorosa ascesis. Cada uno tendrá exigencias y modalidades distintas, pero a todos nos compete no caminar con el corazón - léase sentimientos - en la mano. Los encuentros profundos no pueden ser sólo con los sentimientos.

El amor humano es necesario. Cristo, los Santos, los vivieron con vivísima lucidez. Pero, no pueden rivalizar con el amor a Dios, porque ya no sería amor verdadero. ¿O no brillan acaso, las estrellas por el sol? ¿Porqué, entonces, ponerlos en oposición con mismo sol? ¿No sería pedir demasiado a la naturaleza humana?

 

Tener "el corazón puro", es tener sencillez de mente, el que "no se ata a las cosas terrenas", a semejanza de San Francisco de Borja después de su conversión: "Nunca más serviré a Señor que pueda ser muerto".

 

Hay en la vida sentimental de toda persona, un laboratorio capaz de producir "purificación": es el laboratorio de la soledad.

Por eso siempre los consejeros espirituales, nos dijeron:

Busca alguna vez la soledad,

ejercítala en tu habitación"

"Verás como tendrás un corazón con huéspedes honestos"

"No llenes el vacío con nada que te despierte otra cosa que no sea paz"

 

Ni el egoísmo ni la opresión, ni el no privarse de nada, ni el dinero, ni la dureza de corazón, ni el resentimiento, ni la consumición barata de sexo, ni la violencia, ni el salirse siempre con la suya, nos harán sentir menos solos.

La soledad es un buen laboratorio para encontrar la "Gran Compañía", es solo un medio:

"Para purificar el corazón, busca la soledad, pero no seas un solitario"

Sólo así se tendrá un corazón purificado, en una decisión firme:

"Crea en mi un corazón puro y renueva por dentro un espíritu firme", dice el salmo.

El hombre de corazón puro no es distinto, sino que alcanza a una misión distinta de la realidad:

- se da cuenta de presencias, que para el impuro pasan desapercibidas;

- intuye más a fondo las intenciones;

- descubre lo que está oculto sin invadir

- distingue entre lo esencial y lo accidental

- introduce la comprensión como modo de relación entre las personas

- pasa por encima de las fealdades, de las injusticias, de los sufrimientos

- integra, tiende puentes donde el otro cava zanjas.

- da proporcionalidad a las cosas y ve así la belleza.

 

Esto sucede porque cuando el corazón, los sentimientos, se purifican; Dios parece expropiarnos de la voluntad: El llama; entra en la vida; a...; da las perspectivas de la eternidad.

La vida es un largo catálogo de ausencias, de cosas deseadas y nunca poseídas. Por eso, sólo el corazón purificado nos hace frecuentar "por caminos donde los deseos y los anhelos serán capaces de conducirnos a lo verdadero".

Y esto, no es utopía. Utopía es caminar como caminamos. Deseando miles de cosas que,, una vez adquiridas, preparan un nuevo deseo.

¿Cómo podemos decir que esto es utopía , si nunca nos propusimos a hacerlo?

El peor pecado de corazón, desecho lo lindo; rechaza todo aquello que no venga adornado con la claridad de la Verdad y la ternura de lo infinito.

Y con eso, dará vueltas aquellas bienaventuranzas y, recitará aquellas de Mateo, para saber si su corazón se purificó, pero también dirá las obras, las llamadas "pequeñas bienaventuranzas"

 

Bienaventurados los que se ríen de si mismos, porque nunca terminarán su diversión;

Bienaventurados los que no confunden un grano de arena con una montaña, porque se ahorrarán muchos momentos malos;

Bienaventurados los que saben descansar sin buscarse excusas, porque están en el camino de la sabiduría;

Bienaventurados los que no se toman muy en serio, porque serán más estimados por los demás;

Bienaventurados los que toman en serio las cosas pequeñas y afrontan con calma a las grandes: porque son los que llegarán lejos con su razonamiento;

Bienaventurados los que aprecian una sonrisa y olvidan un mal gesto, porque caminarán por la vereda soleada de la vida;

Bienaventurados los que son comprensivos con los dichos y gestos ajenos: muchos los tendrán por tontos, pero ese es el precio de la caridad;

Bienaventurados los que piensan antes de obrar y rezan antes de pensar, porque evitarán mucho errores.

Bienaventurados los que reprimen su lengua y saben sonreír aunque los contradigan, porque el Evangelio ha prendido en su corazón.

Bienaventurados, sobre todo, si reconocen en todos al Buen Dios, porque la luz de la verdad a entrado en sus sentimientos.

 

Me pregunto: ¿hay otro programa de vida, que prometa con tanta seguridad, una paz que no poseemos?

"Amarás al Señor con todo tu corazón", dice el Deuteronomio , si amaras con el corazón purificado.

 

 

 

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