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CURAR A UNA SOCIEDAD DESTROZADA

 

Por el Padre Ariel Busso

 

Cuando la Madre Teresa recibió el Premio Nobel de la Paz, en Oslo, el 10 de diciembre de 1979, lo aceptó "en nombre de los hambrientos, los desnudos, los sin techo, los ciegos, los leprosos, los que se sienten rechazados, no queridos y abandonados por toda la sociedad".

 

Si amas a alguien ¡demuéstraselo!. El verdadero amor siempre pasa a la acción.

Jesucristo, el Señor, sale al encuentro de cada uno bajo la forma de los pobres.

La respuesta para la entrega al Dios Todopoderoso, es más bien una pregunta: ¿Qué voy a hacer por Cristo? o ¿Qué voy a hacer por mi prójimo?.

 

   Señor, nos compadecemos de la gente

   cuyos rostros no conocemos, vosotros,

   vosotros que lloran sobre ataúdes,

   vosotros que miran a través de barrotes,

   vosotros los niños inocentes en peligro,

   vosotros ancianos amansados por la paciencia.

 

   Líbranos del orgullo de haber triunfado en la vida,

   para que nos inclinemos hacia aquellos

   que nos imploran en su necesidad.

   Líbranos de preocuparnos de nosotros mismos,

   para que nos ocupemos

   de nuestros prójimos lejanos y cercanos.

 

   Despierta nuestra amabilidad

   doblega nuestra repugnancia

   Sácanos afuera del pequeño círculo

   de "los nuestros"

   hacia el gran círculo de la humanidad.

   Derrama nuestras simpatías

   y nuestro dinero

   hacia toda humana necesidad.

 

Cuando alguien se sienta a comer, la mitad de los niños del mundo están aplastando sus narices contra la ventana de su comedor, con ojos hambrientos, mirando como comes ¡y te quejas por el sabor!

En el libro de las lamentaciones, el autor se inspira en una realidad que él vio, que no es fruto de su imaginación:

 

   Muchachos y niños de pecho desfallecían

   por las calles de la ciudad.

   Atendían a sus madres,

   mientras desfallecían por las calles ...

   mientras expiraban en los brazos de sus madres.

 

Esa escena, que parece apocalíptica, se ve en algunas ciudades del mundo. Y no necesariamente en la India o Bangladesh.

Ahora bien, si esto sucede: ¿Podré hacer este voto?:

 

   Sólo voy a pasa una vez por este mundo.

   Todo el bien que pueda hacer,

   toda amabilidad que pueda mostrar

   a cualquier ser humano,

   he de ejercerla ahora

   y no dejarla para más tarde.

   Porque no voy a pasar otra vez por aquí.

 

2. UNA PARADOJA VIVIENTE

 

En un día crudo de invierno, un anciano tembloroso fue llevado ante los tribunales. Se le acusaba de haber robado un pan.

Al ser interrogado, el hombre explicó al juez que lo había hecho porque su familia estaba muriéndose de hambre.

- La ley exige que usted sea castigado - declaró solemnemente el juez -. Tengo que aplicarle una multa de cincuenta pesos.

Al mismo tiempo, metió la mano en su bolsillo y dijo:

- Aquí tiene usted el dinero para pagar su multa. Y además, prosiguió el juez, pongo una multa de cien pesos a cada uno de los presentes de esta sala, por vivir en una ciudad donde un hombre necesita robar para poder sobrevivir.

 

No amemos de palabra y con la boca, como dice San Juan, sino con obras y de verdad. Hay muchas clases de pan que no están al alcance de todos, sino sólo de algunos.

Los otros deberían robar para tenerlos.

   Haz todo el bien que puedas,

   por todos los medios que puedas,

   de todas las maneras que puedas,

   en todos los sitios que puedas,

   a todas las horas que puedas,

   a toda la gente que puedas

   durante todo el tiempo que puedas.

 

Somos una paradoja viviente. Nos hacemos trampas para justificar nuestra falta de solidaridad. San Pablo le dice a Timoteo:

   "Los que se afanan por enriquecerse caen

    en tentaciones y trampas

    y múltiples deseos insensatos".

 

Sangramos por nuestras raíces, porque nos hallamos arrancados de la tierra, el sol y las estrellas; porque muchas veces lo que decimos que es amor es, farsa, porque somos una pobre flor arrancada del talo del árbol de la Vida, y creemos que vamos a poder seguir floreciendo dentro de nuestro civilizado vaso que hemos puesto sobre la mesa.

La paradoja es que cuándo nos preguntaremos si somos buenos, terminamos pensando que sí lo somos, sin serlo de veras.

Dicen que un hombre se presentó ante Dios Juez, y dijo:

   - Ya ves, Señor, que no he hecho nada malo, injusto o impío. Mis manos, Señor, están limpias.

     Pero Dios Juez le dijo:

   - Sí, pero están vacías.

Sería bueno que esto lo reconociéramos. El rico de la parábola de Lucas, nunca echó a Lázaro de la puerta de su casa, simplemente vivió "como si el otro no existiera".

Somos como el tercer hombre de la parábola de los talentos: "tenía miedo y enterré tu dinero bajo tierra" ...

   Nunca he degollado a mi prójimo,

   Nunca le he robado su dinero;

   Nunca he desvastado su casa ni su tierra.

   Pero, Dios mío, ten piedad de mi,

   porque me persiguen, noche y día,

   todas las cosas que no he hecho.

 

3. COMO LEVADURA EN LA MASA

 

La solidaridad es completa. Se comparte: tiempo, dinero, sueños y corazón. Hay Lázaros de los que se les acortó su tiempo, otros a los que no les alcanza el dinero o no lo tienen; algunos Lázaros tienen sueños míseros y a otros se les partió el corazón alguna vez.

Y hay "ricos" de tiempo, dinero, sueños y corazón y los guardan para sí, no lo reparten.

Franco Zeffirelli, el conocido director de cine italiano ha dirigido a excelentes actores, entre ellos al más grande la escena teatral: a Lawrence Olivier. En cierta ocasión le preguntaron como se comportaban estas "estrellas" en el plató. Esta fue su respuesta:

"A todos los grandes actores, inclusive a Lawrence Olivier, les une un común denominador: necesitan atención, cuidados y un afecto especial por parte de la persona que los dirige. No son capaces de trabajar si sienten tensión, odio, aburrimiento o pereza. Nunca olvidaré - dice - lo que una soprano italiana me dijo cuando hice mi debut como director de la Scala de Milán:

   - Franco, mes estás dando tu inteligencia, pero yo necesito también tu corazón"

Fue, éste, un gran pedido que me enseñó también a querer a los que ayudo".

Esta es la levadura de la masa. Por eso el profeta Miqueas aconseja:

    Obra justamente,

    ama tiernamente,

    anda humildemente.

 

4. COMPARTIR

 

Hubiera sido distinto el destino del rico, si hubiese dicho del corazón, esta plegaria:

 

Como muy bien, pero tengo hambre

  porque hay un ser humano que está hambriento.

Bebo agua fresca, pero mi garganta está seca

  porque hay un ser humano sediento.

Puedo reírme, pero me saltan las lágrimas

  porque hay un ser humano profundamente triste.

Tengo un cuerpo sano, pero me siento mal

  porque hay un ser humano enfermo.

Tengo buena vista, pero me hallo en tinieblas

  porque hay un ser humano que está ciego.

Tengo una mente clara, pero se me van las ideas

  porque hay un ser humano que es ignorante.

Tengo amigos, pero me lleno de soledad

  porque hay un ser humano abandonado.

Tengo más de un techo, pero me siento a la interperie

  porque hay un ser humano sin techo.

Busco la pureza, pero me siento culpable

  porque hay un ser humano hundido en el barro.

Soy libre, pero es como si mis .......

  porque hay alguien al que le falta la libertad.

Disfruto de la comodidad, pero no descanso

  porque hay alguien necesitado.

 

Ahora sí, yo soy el prójimo y los demás son Lázaro. Cristo me interroga:

   Has recibido algún don?

   Pásalo a los demás.

   No te dieron sólo para vos.

   Pásalo a los demás.

 

 

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